dijous, 3 d’abril de 2014

Entrevista a Paco Gómez Escribano autor de 'Yonqui'


Paco Gómez Escribano presenta su tercera novela sobre la vida de un yonqui en el barrio de Canillejas en el Madrid de 1978. En ella refleja en primera persona y con un lenguaje coloquial, la vida de estos desarraigados de la sociedad que sólo piensan en drogarse y delinquir. Todo bajo el paraguas de una historia de superación a ritmo del Rock & Roll más canalla del postfranquismo.

¿Cómo nació la idea de escribir una novela sobre la vida de Botas, un yonqui de la periferia madrileña?
Soy un lector voraz de novela negra. Tras mis dos primeras novelas empezó a germinar la idea de hacer algo que se pudiera encuadrar dentro del género. A partir de ahí empezó a fraguarse la historia. Ante la idea de escribir una novela policiaca o detectivesca se me ocurrió hacer algo un poco distinto, desde el punto de vista del delincuente. Finalmente comprendí que mi barrio era una fuente inagotable de historias. Así surgieron “Yonqui” y “el Botas”.

¿Por qué motivo decidió escribirla en primera persona, haciendo que las barbaridades del protagonista parezcan inocentadas a sus ojos?
He leído algunas novelas sobre el tema que abordo en “Yonqui”, buenas historias, pero no resultaban creíbles. Bien porque la voz del narrador no era la adecuada o bien por el desconocimiento del autor de este submundo. Hay novelas en las que los delincuentes parece que se han educado en los Escolapios y, como digo, no resultan creíbles. La primera persona aporta fuerza y libertad para utilizar el lenguaje que yo quería. No me interesaba nada un tono neutro como el que aporta el narrador omnisciente. Se pierde la perspectiva de abordar diversos escenarios, pero en este caso el escenario y el personaje principal es el barrio, que se expresa en la voz de “el Botas”.
Durante muchos años, en el barrio era rutina que muchos chavales se levantaran únicamente pensando en robar para ponerse. Lo he vivido de cerca, por eso las barbaridades del protagonista no me parecen demasiado extravagantes, como sí lo parecerán a ojos de un buen número de lectores.

¿Es el hecho de que hay muy poca gente que lo pueda contar, lo que hace tan atractivo a nuestros ojos estas historias, a pesar de hacer relativamente poco tiempo?
Puede que ese sea uno de los motivos, sí, pero yo creo que estos personajes son arquetípicos y que provocan la misma admiración que en su día provocaron los bandoleros o los maquis, por poner dos ejemplos geográficamente cercanos. El argumento siempre es el mismo: un colectivo que ante la marginación  a la que le somete el sistema, se rebela contra él e intenta tomar por la fuerza lo que se le niega. Esto siempre provoca la admiración de los que no se atreven a hacerlo.

¿Era inevitable, al ser escrita en primera persona, utilizar en lenguaje de la calle?
En absoluto. Una novela narrada en primera persona puede utilizar un lenguaje tan culto o cuidado como el que se utiliza en cualquier otra voz narrativa. Pero narrar la novela en primera persona me ha permitido emplear la jerga propia de estos grupos, que es lo que yo quería.

Entre las páginas hay una cierta crítica a las películas encabezadas por ‘Perros Callejeros’ muy en boga en los 70 y 80 ¿Cree que hay gente que abusó de sus protagonistas?
En mi barrio, eso es público y notorio. Las productoras buscaron a verdaderos delincuentes en los barrios periféricos de Madrid (también en Barcelona) para hacer las películas más creíbles, cosa que no consiguieron, porque mezclaron a actores reales con delincuentes. Estos no sabían actuar y los actores solo consiguieron burdas imitaciones del lenguaje y la forma de actuar de los delincuentes. Los directores contrataban a yonquis guapos, que adornaran sus películas ante las cámaras, y les pagaban muy poco, abusando de su condición social baja. En el barrio hubo yonquis, menos agraciados físicamente, a los que contrataron únicamente para que se chutaran delante de la cámara y conseguir así espectaculares primeros planos de un pico. El pago, en especias, era la propia dosis de caballo.


¿Es esta al fin y al cabo una novela de ayuda a la superación, pese a las adversidades, a tenor de la trayectoria vital de su protagonista el Botas?
No, para nada. Desgraciadamente, historias como las de “el Botas”, hay una entre mil, y me quedo corto. Por tanto, no sirven de ejemplo para posibles superaciones de nada. Si he optado por la redención en la trama, quizás sea porque soy un romántico empedernido. Durante la escritura del texto me hice una reflexión: mi padre, mi abuelo y las generaciones precedentes, todas sin excepción, vivieron guerras. La nuestra es la primera que no ha tenido que pasar por ese traumático trance y sin embargo hemos tenido tantas bajas como las generaciones anteriores. Simplemente, se cambió el hecho de empuñar un fusil por el de aferrar una chuta.

En un momento de la novela entra el rock de la Movida Madrileña en la trama ¿Estuvo muy relacionado con los jóvenes de barrio de la época y las drogas?
Coincidieron en el tiempo, pero seamos claros: un yonqui no tiene ninguna inquietud, ni musical ni de ningún tipo. Solo piensa en chutarse, y si para eso tiene que robar a su abuela lo hace. Sin embargo, los jóvenes que tuvieron la lucidez de no empezar en la heroína, vivieron esa época y se impregnaron de todo ese boom musical. De pronto, escuchabas a un chaval en tu escalera que tocaba la guitarra eléctrica de puta madre. Pero es que en el portal de al lado había otro, y otro un poco más allá. Sí, por aquel entonces el Rock’n’Roll impregnó los barrios. Los jóvenes escuchaban música, intentaban imitar a los grupos que despuntaban. Y se llevaba mucho aquello de “…bebemos, fumamos y nos colocamos…”,  que decían los Leño en su canción de “Este Madrid”. Hay que tener en cuenta que acabábamos de salir de la dictadura de Franco. Las nuevas generaciones estaban hartas de los cantautores y de la canción protesta. Simplemente querían pasarlo bien. Pero una cosa era beber y fumarse unos petas y otra el caballo y sus miserias.

Da a entender que los Burning fueron los padres de toda la 'Movida Madrileña' originada posteriormente ¿Cree que no tienen suficiente reconocimiento en la historia de la música española?
No es que fueran los padres. A ver, desde mi punto de vista, lo que desembocó en la Movida venía de mucho antes. Durante la dictadura era muy complicado escuchar en España a los Stones, los Doors o a los Zeppelin. Con la apertura vino todo de golpe y todos los chavales querían imitarlos. Salieron grupos como Ñu, Leño, Asfalto, Topo y sí, Burning, que al principio cantaban en inglés. Pero después demostraron que se podían hacer buenos temas en español. Más tarde, los productores vieron que lo de la música y los jóvenes podía ser una mina de oro y empezaron a producir a grupos, pero de corte popero, ya que el rock era “demasiado revolucionario”, por así decirlo. Preferían promocionar a grupos más “blanditos” que, por otro lado, eran en su mayoría “niños bien”. Burning siguieron, sí, dándolo todo, buscando continuamente mánager y conciertos. Pepe Risi y Toño dieron hasta sus vidas. Pero mientras a los demás las giras y los productores les caían del cielo, a ellos les caían las migajas porque eran políticamente muy incorrectos. Contaban con el reconocimiento de los demás porque tenían la autenticidad que a ellos les faltaba. Pero nunca nadie ha comido de ser auténtico. En Madrid, pese a lo que nos han contado, la Movida vino de arriba. El ejemplo contrario es el de Euskadi. Ahí la Movida vino desde abajo y lógicamente se agarraron al punk. Desgraciadamente, muchos de los componentes de estos grupos, que contaron con la admiración de varias generaciones, nos dejaron hace ya mucho tiempo por culpa del caballo.
Volviendo a Burning… Como dice Luis, el guitarra de mi grupo, hace tiempo que Pepe Risi debería tener una estatua en el centro de Madrid, o por lo menos en La Elipa.

¿Con la crisis actual podríamos volver a vivir situaciones tan dramáticas con la juventud de los barrios de España?
No lo sé, el marco geográfico, social y demográfico no es el mismo. Parece ser que las estadísticas dicen que hay un repunte de la heroína en Estados Unidos, pero no sé si será un fenómeno transportable a Europa en estos momentos. La juventud ahora es de otra manera. Se han criado en la abundancia y pegados a los videojuegos. Sinceramente, no sé que puede salir de toda esa mezcla. Lo que sí veo por el barrio es que ahora hay mucha diversidad de drogas, sobre todo de las sintéticas, y está por ver los efectos que estas pueden llegar a causar. Francamente, todo es distinto. No entiendo lo de hacer fechorías, grabarlo con el móvil y colgarlo en Youtube, ni entiendo la música que escuchan ni su modus vivendi… Todo ha cambiado mucho.

¿Cómo ve el panorama de la novela negra española con tantas novelas que están apareciendo de las denominadas “Gris Asfalto”?
Bueno, yo es que soy muy “especialito” para las novelas, no me gusta todo. Mis gustos van por una mezcla de la forma de escribir de Chandler y Bukowski, y en general de los autores que apuestan por escribir desde el lado del delincuente. Quizás es porque siempre he tenido imán para los borrachos y los locos, me parecen buena gente. Tampoco estoy muy al loro de las etiquetas, es la primera vez que escucho eso del “Gris Asfalto”, aunque me mola el nombre. Y si de autores se trata, admiro mucho a los de la vieja guardia como Andreu Martín, Juan Madrid o Ledesma. Creo que actualmente se están haciendo muy buenas cosas. Admiro sinceramente el trabajo de Alexis Ravelo, Jon Arretxe, Carlos Salem, Claudio Cerdán, Javi Abasolo, Pepe Correa, Javier Hernández Velázquez y me dejo muchos. Creo que Luis Gutiérrez Maluenda es un crack.

No somos na…

Xavier Borrell



Yonqui 
Paco Gómez Escribano
Erein editorial
Colección Cosecha Roja
299 pag.
Año 2014
ISBN 9788497468916

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