dijous, 31 d’agost de 2017

'Resort' - Carlos Márquez


 

Hace años Carles Porta ya pasó una semana en un Hotel Spa  en El club de los perfectos, y aunque su escritura era absolutamente desternillante, el trasfondo no lo era tanto: los humanos hacemos locuras para parecer perfectos.

Ahora es Juan Carlos Márquez (Bilbao, 1967) quien hace pasar a sus personajes setenta y dos horas en un Resort de la costa española. Y nuevamente, aunque todo está visto desde el prisma del humor, sin duda su escritura es divertida, el trasfondo nuevamente resulta perturbador: la novela está llena de egoísmo, desapego y banalidad, rasgos característicos de nuestra época.

En un complejo hotelero de la costa española llena de huéspedes de todo tipo y pelaje, desaparece un niño alemán, rubio, pelo corto, ojos azules, como miles de niños de aquel país.
     
Así que nadie consigue recordar si lo vio en algún momento de su estancia.

La policía ordena un despliegue de efectivos de paisano en el hotel y durante setenta y dos horas nadie podrá salir de él.

Con esta premisa, el autor, Juan Carlos Márquez, teje una tela de doble hilo, por un lado la efectiva investigación por parte de las parejas de policías creadas para la ocasión, deben pasar completamente desapercibidos en su estancia en el resort, y por otra una dura crítica a la sociedad, a sus formas, sus miserias, sus anhelos y sus deseos ocultos. Sin duda la sexualidad que desprende la pareja de policías apodados Lactante, para él y Darth Vader para ella podría ganar de tener más continuidad el viejo premio de La Sonrisa Vertical.

Juan Carlos Márquez es parco en palabras, pero sus palabras son efectivas. El viejo dicho que una imagen vale más que mil palabras, aquí se podría tornar en una palabra vale más que mil imágenes y es que en cada una de esas cortas frases el autor consigue que nos hagamos una idea clara de lo que nos quiere contar.

Y no hablaremos de ese final: terroríficamente perturbador.

Sí, sin duda Resort no sea el mejor tríptico de propaganda para irnos de vacaciones, por mucho que en alguna de sus páginas nos veamos reflejados en algunas de nuestras pasadas vacaciones, y más después de haberla leído, luchas en el bufet de desayuno, comida y cena, más luchas por un sitio en la playa, lucha por una hamaca en la piscina del hotel, fiestas agotadoras en la discoteca del hotel tras pasar un duro y cansado día en la playa…pero sin duda nos aliviará nuestras vacaciones si leemos que no somos los únicos que lo pasamos tan mal en nuestro hotel.

No es novela negra, aunque hay un desaparecido; no es policial, aunque los cuerpos del estado estén presentes en ella;  no es erótica, por mucho que las descripciones imaginadas por Lactante nos conduzcan a tener pensamientos impuros; no es histórica, aunque sin duda describa una época bien definida; ni de aventuras, aunque esté llena de ellas. No, Resort es todo eso y más. Es un auténtico 1984. Juan Carlos Márquez fisga en la vida de todos esos personajes, y nos las presenta en su forma más cruel: en la pura realidad.

SALVA G.

Título: Resort
Autor: Juan Carlos Márquez
Editorial: Salto de Página
Edición: 1ª edición, junio de 2017
Número de páginas: 122 pp.
I.S.B.N. 978-84-16148-52-3

dimarts, 29 d’agost de 2017

'Yo veo en la oscuridad' - Karin Fossum


La última novela de Karin Gossum (Sandefjord, 1954), Yo veo en la oscuridad hace honor al sobrenombre de la autora La Reina noruega del crimen.

Su historia es sencilla: Riktor trabaja como enfermero en una residencia de ancianos (casualmente un trabajo que la propia autora desempeñó antes de pasarse a las letras). No tiene familia, no tiene amigos, ni siquiera conocidos. Nadie va a de visita a su casa. Su mundo es la residencia y un parque donde pasa las horas muertas sentado en un banco junto a una fuente con una estatua llamada Mujer llorando contemplando a la gente que pasea por él: los enamorados Eddie y Janne; el borracho ArnfinnMiranda y su madre Lill AnitaEbba, una abuela que pasa el día tejiendo a una velocidad de vértigo; sí, Riktor tiene todo controlado, aunque en realidad él tiene un trastorno de personalidad, indiferencia a las normas y convenciones vigentes, falta de empatía y comprensión, carencia de aptitudes sociales, insensibilidad ante el sufrimiento y el infortunio de los demás, frialdad, arrogancia y tendencias sádicas. Y todo ello trabajando en una residencia para gente mayor.

Riktor les hace las mil y una putadas a los abuelos que solo esperan la muerte.

Vive enamorado de Anna, una enfermera compañera de trabajo. Comparte su tiempo con Sali Singh cocinero de la residencia. Y vive con el anhelo constante de tener por fin una mujer. Con sus más de cuarenta y tantos años nunca tuvo novia. Su pasado no se lo permitió. Y seguramente su presente y su futuro tampoco.

Un día el borracho Arnfinn después de que Riktor le haya abierto su casa y le ofrezca bebida para calmar su tensión, le sustrae unos billetes de la cartera. Riktorno puede con ello y se ensaña con él. Tras unos cuantos golpes acaba matándolo y enterrándolo en la parte trasera de su casa en el jardín donde después de cavar una fosa con toda la frialdad del mundo compra un rododendro para plantarlo sobre el montículo que dejó el cuerpo.  

Riktor vive con ello. Es su secreto. Al igual que haber visto ahogarse a un hombre en el lado y no haber hecho nada por salvarle.

El protagonista es sádico, cruel, sicológicamente inestable, podrido por dentro y con un Satanás en su interior  que hace acto de presencia en cuanto tiene la menor ocasión. Las putadas que suele hacer a los enfermos están a la orden del día: pellizcos, golpes, tirar su mediación por el retrete, pinchar el colchón en vez de a los enfermos, y hasta pinchar con un punzón los ojos de los mismos para provocarles derrames oculares.

Nadie sabe nada.
Hasta que un día una abuela muere y comprueban que su muerte no fue natural.

Culpan a Riktor. Por algo que él no hizo. Increíble. Pero cierto. Entra en prisión preventiva donde le asignan un abogado. Allí conocerá a su carcelero y una nueva mujer entrará en su vida: Margareth, la cocinera pelirroja de la cárcel.

Su vida es una montaña rusa llena de vuelcos inesperados.

A partir de ese momento Riktor solo querrá una cosa, aunque parezca mentira, defenderá su inocencia, al menos en el caso de homicidio voluntario.

Yo veo en la oscuridad es perturbadora, inquietante, tenebrosa, fría, terrible, desconcertante, y obstinadamente violenta.

Sin duda estar escrita en primera persona, es Riktor quien cuenta toda la historia, sea a la vez lo mejor y lo peor de la novela, ya que la autora no deja espacio para la duda: lo que cuenta, ocurre, en vivo y en directo.

Fossum consigue con su relato entrar en la mente de un asesino, un perturbado, un maniático compulsivo con unas estrictas normas de convivencia, con una facilidad asombrosa y una veracidad inquietante (¿es posible que Fossum viviera algo igual cuando desempeñó el trabajo de cuidadora de abuelos en una residencia?) y nos mantiene enganchados al libro en todo momento, sobre todo a partir de la muerte del borracho Arnfinn. La tensión del protagonista con la visita del policía Randers en cada una de las visitas a su casa son de alto voltaje.

Yo veo en la oscuridad nos ha gustado mucho, como casi todas las ediciones bajo el auspicio de la colección Roja & Negra, y si os preguntáis de dónde viene ese título, os lo contaré: Riktor tiene un don, ve en la oscuridad.

Inquietante hasta el final.

SALVA G.

Título: Yo veo en la oscuridad
Autor: Karin Fossum
Traducción: Kristi Baggethum y Asunción Lorenzo
Editorial: Penguin Random House
Edición: 1ª edición, abril de 2017
Número de páginas: 211 pp.
I.S.B.N. 978-84-16195-78-7