dilluns, 19 de març de 2018

'Cuando sale la reclusa' – Fred Vargas


Cuando sale la reclusa es la decimosegunda novela protagonizada por el comisario Jean-Baptiste Adamsberg, jefe de la brigada criminal de París. Un largo recorrido que yo me he perdido pues, lo reconozco, hasta ahora no había leído nada de la francesa Fred Vargas.
Ya, ya lo sé. Como aficionado a la novela negra, tanto a leerla como a pergeñarla, debería haberlo hecho hace mucho tiempo, pero hay tantos buenos libros por descubrir que uno no tiene tiempo para todo. Pero bueno, aquí estoy, nunca es tarde si la dicha es buena, y tal y tal, de modo que contaré las impresiones que, sobre la historia y el personaje, he sacado en claro. Sin duda, lo ideal habría sido comenzar por la primera novela de la serie, pero ya que estamos aquí diré que no es algo esencial, pues Fred Vargas se las apaña más que bien para mostrarnos la peculiar idiosincrasia del comisario ya desde las primeras páginas.

Tras haber resuelto su último caso, el comisario Adamsberg disfruta de unas semanas de descanso en Islandia cuando es requerido para investigar un atropello accidental que no parece tener nada de accidental. De esta investigación inicial saltaremos a la que es la verdadera trama de la novela, las muertes de tres ancianos en pocos días por mordeduras de un tipo de araña conocida como “reclusa”, muertes que, estas sí, tienen la apariencia de accidentales y que, sin embargo, llaman la atención del comisario Adamsberg por algo que ni él mismo es capaz de concretar.

Debo decir que Adamsberg es un tipo peculiar. Desorganizado, aparentemente laxo, con poca capacidad para el análisis, se desconcentra con facilidad, pierde el hilo de sus razonamientos… No parece el hombre ideal para liderar un grupo de policías. Esta numerosa ristra de defectos la suple con su magnífica intuición y una estimable capacidad para conectar con las mujeres y hombres a su cargo. Y eso que en esta ocasión los acontecimientos le llevarán a enfrentarse con la mitad de su brigada. Brigada en la que, en consonancia con la desorganización general reinante, un gato tan sumamente vago que hay que llevar en brazos hasta su comedero para que no muera de inanición ha hecho de la fotocopiadora su fortín, dejándola inutilizada.

Si Adamsberg no es un dechado de virtudes, su equipo no se queda a la zaga, pues el que no cojea de un pie, cojea del otro. Todos los policías tienen algún tipo de problema de mayor o menor envergadura y se muestran con su lado más humano, imperfecto, cotidiano, a veces hasta algo estúpido, con ese conato de vergüenza que nos asalta cuando sentimos que hemos hecho alguna tontería.

“…Una brigada de la policía no es precisamente un lugar de ebullición cultural”.

Ni cultural ni de ningún otro tipo, debería decir, ateniéndonos a lo que Vargas nos cuenta del grupo de investigadores. Esos defectos (y virtudes, aunque algunas de estas no parezcan las más adecuadas para la profesión de policía) con los que la autora salpica a sus personajes a lo largo de todo el libro, les dotan de credibilidad y nos provocan un sentimiento de cercanía, de cariño, que converge finalmente en el hombre sobre el que gira todo. Sí, el comisario Adamsberg es un tipo que cae bien a pesar de sus extravagancias, de su falta de método, de su, incluso a veces, dificultad para expresar sus ideas.

Esa poca facilidad expresiva y de razonamiento es algo que me ha llamado la atención. Más bien, la poco ortodoxa pero acertada forma que ha elegido Vargas para mostrárnoslo. Y es que la narración ágil, viva, con esporádicos trazos de inteligente humor de la que hace gala la autora se vuelve en ocasiones inconexa, intuitiva más que razonada, con una estructura y un tono que parecen sacados directamente de la cabeza (ya hemos dicho que con poca capacidad de análisis) de Adamsberg. Consciente de ello, el comisario no duda en echar mano de quien haga falta, ya sea un psiquiatra, una anciana, su hermano o alguno de sus subordinados, para que le ayude en sus “protopensamientos, pensamientos antes de los pensamientos”, algo que él llama “burbujas gaseosas” que, asegura, flotan libremente entre los pliegues de su cerebro hasta que dos de ellas chocan entre sí y las ideas que contienen en su interior se enlazan y generan un nuevo hilo del que tirar.

En cuanto a la trama de investigación, que al fin y al cabo es lo que nos interesa en una novela de este tipo, hay que decir que es densa y compleja, que está bien fundamentada y que es consistente y creíble, y sobre todo que Fred Vargas la maneja con una habilidad y una claridad expositivas que hacen que sea muy fácil seguirla hasta su resolución. Una resolución lógica e inevitable que el lector, al igual que Adamsberg, desearía diferente a pesar de todo. Y es que lo justo y la justicia no siempre coinciden.

Alberto Pasamontes

Cuando sale la reclusa 
Fred Vargas
Siruela 
Año 2018
408 pag.
ISBN: 9788417308124





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