Eduardo, estamos ante una nueva publicación sobre Bob Dylan. Dices que hay más de 1.900 libros escritos sobre él, una cifra que da una idea de la dimensión del personaje. ¿Qué lleva a alguien a escribir un nuevo libro sobre una personalidad de la que aparentemente ya se ha dicho prácticamente todo?
Bueno, una parte es una necesidad. Creo que es un poco temerario escribir un libro sobre una personalidad como la de Dylan, sobre la que se han escrito tantísimas cosas. Pero, al mismo tiempo, pertenece a un universo personal, y por eso lo escribí.
Supongo que también hay algo de fascinación por un personaje que, a pesar de las décadas de análisis, las biografías y los estudios, continúa siendo difícil de comprender. ¿Es precisamente esa condición de hombre invisible la que te ha impulsado a escribir el libro?
Creo que Dylan sigue siendo una figura que se nos escapa. Es una personalidad muy compleja, y precisamente por eso sigue despertando tanto interés.
Leyendo tu libro, uno se da cuenta de que Bob Dylan no puede entenderse únicamente desde la música. Su obra está profundamente vinculada a los acontecimientos históricos, sociales y culturales de la segunda mitad del siglo XX y de los primeros años del XXI. ¿Hasta qué punto la historia ha condicionado su obra?
Claro. Ni el siglo XX sería el siglo XX, porque Dylan ha transformado el siglo XX y, evidentemente, el siglo XX lo ha transformado a él y lo ha creado, como a todos nosotros, los que hemos vivido en esa época. Sus letras nos han transformado y nos han hecho observar la vida de una forma distinta, novedosa.
Es una relación de ida y vuelta. Dylan es fruto de su tiempo, pero también ha contribuido a modificarlo. Sus canciones han acompañado a varias generaciones y han influido en la manera de entender la política, la sociedad, las relaciones personales e incluso la propia cultura. ¿Crees que su importancia va mucho más allá de la música?
Sin duda. Es muy difícil entender la segunda mitad del siglo XX sin conocer la obra de Dylan y sin captar el significado de lo que ha producido en todos nosotros.
Cuando hablamos de Bob Dylan, normalmente nos detenemos en sus primeros años, en aquella figura que revolucionó la música y la cultura de los años sesenta. Sin embargo, su trayectoria ha continuado durante décadas. ¿Qué hace hoy? ¿Sobre qué escribe? ¿Qué le interesa a estas alturas de su carrera?
En los últimos tiempos está, evidentemente, ya es una persona muy mayor. Ahora tiene 85 años. Su último disco lo sacó cuando tenía 80, y es un disco magnífico. Es un disco en el que ya nos habla casi susurrando, como si quisiera contarnos algo de una manera muy íntima.
Ese Dylan de los últimos años parece alejarse de la imagen del artista combativo, de la voz de protesta que muchos han asociado siempre a su figura. ¿Estamos ante un músico que ha encontrado otra manera de expresarse, más íntima y reflexiva?
Es una etapa diferente. Dylan ha ido cambiando a lo largo de su carrera, y su obra también ha evolucionado. No se puede reducir su trayectoria a una única imagen ni a un momento concreto.
¿Hay algún otro artista, cantante o creador que haya generado tantas publicaciones, tantos estudios y tanta crítica como Bob Dylan? ¿Qué tiene su obra para que continúe despertando semejante interés?
No, ninguno. Y es que resulta muy difícil entender el siglo XX, desde los años sesenta hasta ahora, estos setenta años, sin conocer la obra de Dylan y sin captar el significado de lo que ha producido en todos nosotros.
En el libro intentas acercarte a esa figura tan compleja. ¿Empezaste la escritura intentando entender su obra, su personalidad, o buscando ir más allá? ¿Has conseguido encontrar alguna respuesta?
Creo que Dylan sigue siendo una figura que se nos escapa. Es una personalidad muy compleja, y precisamente por eso sigue despertando tanto interés.
Quizá una de las dificultades de acercarse a Dylan sea precisamente que nunca ha querido ofrecer una imagen definitiva de sí mismo. Ha cambiado de estilo, de actitud y de discurso, y ha desconcertado en muchas ocasiones tanto a sus seguidores como a la crítica. ¿Hasta qué punto esa transformación constante forma parte de su identidad?
Es una personalidad insondable. Su vida y su obra están llenas de una inmensa complejidad, y creo que eso es algo que no siempre se ha sabido reflejar.
Hace poco se estrenó una película sobre su vida y sus inicios. Una producción que ha vuelto a poner su figura en el centro de la conversación cultural. ¿Te parece una representación creíble y realista de Bob Dylan? ¿Crees que el cine puede llegar a explicar un personaje como él?
Ha simplificado su personalidad, que es insondable. Creo que está muy, muy simplificada y se olvida de la inmensa complejidad que hay en la vida de Dylan.
Uno de los aspectos que también aparecen en la historia de Dylan es su vida sentimental y la influencia que tuvieron determinadas personas en sus primeros años. ¿Qué importancia tuvo Suze Rotolo en su vida, especialmente durante aquella etapa de 1962 y 1963?
Suze Rotolo fue una figura importante en aquel momento, en los años 1962 y 1963. Era una chica muy joven, más joven que él, pero muy inteligente, vinculada a un mundo cultural y político que también influyó en Dylan.
Es interesante observar cómo las relaciones personales pueden influir en la evolución de un artista. En el caso de Dylan, sus primeros años estuvieron marcados por una intensa actividad creativa y por un entorno cultural que estaba cambiando a gran velocidad. ¿Hasta qué punto ese contexto resulta fundamental para comprender su evolución?
Es importante comprender el momento en el que Dylan aparece y cómo ese contexto influye en su obra. Su trayectoria no se puede separar de la época que le tocó vivir.
Vamos ahora al proceso de escritura. ¿Cómo ha sido el día a día de este libro? ¿Te has documentado mucho? ¿Has preparado una escaleta muy precisa? ¿Te ha costado encontrar el enfoque para abordar una figura sobre la que se ha escrito tanto?
He escrito mucho sobre Dylan. Es una figura de mi vida desde que tenía 14 años, así que para mí no ha sido difícil. Lo que sí he procurado es no dejarme llevar únicamente por las biografías y los estudios existentes. He intentado tener una visión muy personal, muy subjetiva, que transmitiera una mirada singular sobre él.
Es decir, no querías hacer una biografía convencional ni repetir lo que ya se ha contado en otros libros. Buscabas una aproximación propia, una mirada que naciera también de tu experiencia como lector y como oyente. ¿Era ese uno de los principales objetivos de Número cero?
Sí, he procurado ofrecer una visión personal y singular, que no se limitara a repetir lo que ya se ha escrito sobre él.
Y hablando de esa relación personal, ¿qué impacto ha tenido Bob Dylan en tu vida literaria y en tu propia obra? ¿Hasta qué punto aquel primer descubrimiento musical ha acompañado tu trayectoria como escritor?
Yo lo escuché por primera vez en la radio cuando tenía 14 años. No sabía quién era. Escuché una canción de un álbum que, en su momento, fue un disco poco habitual, que se apartaba de lo que las grandes compañías esperaban de él.
Es un álbum que a mí me parece que simplemente intenta reflejar lo que sentía Bob Dylan en aquel momento. Estaba tranquilo, llevaba una vida tranquila con su familia y quería mostrarle al mundo qué era lo que sentía.
Son canciones que beben de muchas tradiciones, del country, del folk, de la música instrumental. No pretendía llevar a nadie hacia una meta conocida.
Era una de esas canciones que transmitían una plenitud vital, justo lo contrario de lo que la gente le pedía: rabia, denuncia. Era pura satisfacción vital.
Es curioso, porque muchas veces asociamos a Dylan con la protesta, con la denuncia social y con aquellas canciones que se convirtieron en auténticos himnos generacionales. Pero tu primer encuentro con él fue a través de una canción que transmitía precisamente lo contrario: una sensación de plenitud y tranquilidad. ¿Cómo recuerdas aquel momento?
Ese día escuché la canción en la radio sin saber que era Dylan. Luego, evidentemente, cuando el locutor habló de la canción y dijo que era de Bob Dylan, se me quedó grabado el nombre y desde entonces no he parado de escucharlo.
Y así empezó una relación que ha durado toda una vida y que, de alguna manera, también ha terminado convirtiéndose en literatura. Para quienes quieran conocer mejor a Bob Dylan, acercarse a su obra y descubrir esa mirada personal que nos propones, la recomendación es Número cero. Bob Dylan, retrato de un hombre invisible, de Eduardo Jordà, publicado por Libros del Asteroide. Eduardo, muchas gracias por acompañarnos y por compartir con nosotros esta aproximación a una figura que continúa siendo tan fascinante como enigmática.
Xavier Borrell
Eduardo Jordà
Editorial: Libros del Asteroide S.L.U.
ISBN: 9791388056192
Idioma: Castellano
Número de páginas: 120
Año de edición: 2026
Colección: Libros del Asteroide





