El experto en productividad Agustín Peralt defiende un modelo laboral que combina lo mejor de dos culturas europeas: la organización, planificación y cumplimiento de los países nórdicos con la flexibilidad, la vida social y el disfrute característicos del Mediterráneo. En conversación sobre su libro junto a Joris van der Schut, analiza por qué el problema no es trabajar más o menos horas, sino trabajar con más foco, mejor estructura y mayor conciencia del tiempo.
Para empezar, el título del libro es muy llamativo: “Trabaja como un nórdico, vive como un mediterráneo”. ¿Qué queréis decir exactamente con esa idea?
La idea central es precisamente buscar un equilibrio entre dos formas muy distintas de entender el trabajo y la vida. Por un lado, los países nórdicos tienen una cultura laboral muy enfocada en la eficiencia: planifican mejor, priorizan mejor, cumplen horarios y son muy consistentes con lo que se proponen. Por otro lado, la cultura mediterránea es mucho más flexible, más social, más orientada a disfrutar del entorno, la familia, la comida y el tiempo libre.
Lo que proponemos no es elegir uno u otro modelo, sino combinar lo mejor de ambos: la disciplina y la organización del norte con la calidad de vida del sur.
¿Ese equilibrio es realmente posible o es más una idea ideal?
Es posible, pero no es automático. Va un poco en contra de lo que hemos aprendido culturalmente. Los modelos educativos, las costumbres de empresa e incluso la forma en la que nos organizamos en el día a día empujan hacia uno u otro extremo.
Lo importante es entender que una vida equilibrada no llega sola: hay que construirla. Y en eso los países nórdicos nos llevan ventaja, sobre todo en algo muy básico: el respeto por el tiempo, tanto el propio como el de los demás.
En el mundo del trabajo actual, ¿estáis viendo un cambio de mentalidad?
Sí, claramente. Las nuevas generaciones están marcando un cambio importante. Ya no aceptan fácilmente modelos en los que se trabaje muchas horas sin sentido o sin organización.
Hay una idea que cada vez se repite más: si tienes que trabajar demasiadas horas para hacer lo mismo que otros hacen en menos tiempo, probablemente no es un problema de esfuerzo, sino de organización.
Eso está obligando a muchas empresas a replantearse cómo funcionan.
Pero también hay un mensaje que puede generar debate: ¿no es peligroso confundir flexibilidad con desorden?
Totalmente. Ese es uno de los grandes errores. Hay quien interpreta la flexibilidad como “hacer lo que quiero cuando quiero”, y eso no funciona en absoluto.
La flexibilidad sana solo funciona si antes hay estructura. Es decir: primero priorizas, planificas y organizas, y a partir de ahí puedes ser flexible. Sin esa base, el día se desordena y no da de sí.
Entonces, ¿el problema principal es trabajar muchas horas o trabajar mal?
El problema principal es trabajar mal. Hay mucha gente muy trabajadora, muy implicada, que dedica muchas horas, pero que no consigue resultados proporcionales.
Eso genera una frustración enorme. Porque al final acabas con sensación de que el tiempo no rinde, y eso lleva a situaciones de desgaste, desmotivación o incluso burnout.
Trabajar más horas no es sinónimo de trabajar mejor. De hecho, muchas veces es al revés.
En ese sentido, ¿qué hábitos distinguen a un trabajador “efectivo”?
Diría tres cosas fundamentales. La primera es la capacidad de priorizar: saber qué es importante y qué no lo es. La segunda es la planificación: no improvisar constantemente. Y la tercera es la disciplina con el tiempo.
Los nórdicos destacan mucho en eso: tienen una relación muy seria con los horarios, con los compromisos y con la ejecución de tareas.
¿Y qué papel juegan las empresas en todo esto?
Es clave. Hay dos niveles. Uno es el individual: cada persona puede mejorar su organización personal, independientemente de su entorno.
Pero el cambio real ocurre cuando la cultura de la empresa acompaña. Y ahí es fundamental el liderazgo. Cuando un director o directora general se lo cree de verdad, lo aplica y da ejemplo, el cambio empieza a bajar a toda la organización.
Sin ese rol model desde arriba, es muy difícil transformar la cultura.
¿Por eso decidisteis escribir el libro?
Exacto. Nosotros llevamos años trabajando con directivos de toda Europa ayudándoles a organizar mejor su trabajo. Eso nos ha permitido ver patrones muy claros entre culturas.
Además, en nuestro propio equipo convivimos con personas de distintos países, y eso genera conversaciones constantes sobre cómo se trabaja en el norte y en el sur de Europa, qué funciona mejor en cada caso y qué se puede aprender de ambos lados.
El libro nace de esa comparación real, no teórica.
¿Qué os sorprendió más en esas diferencias culturales?
Muchas cosas. Por ejemplo, a Joris le sorprendía muchísimo que en España las comidas pudieran alargarse tanto o que las reuniones no tuvieran un control estricto del tiempo.
Al principio eso le generaba incluso incomodidad. Pero con el tiempo también entendió que esa flexibilidad puede tener ventajas: creatividad, relaciones más fuertes, mayor conexión social.
El reto es que esa flexibilidad no se convierta en ineficiencia.
¿Y cómo se encuentra ese punto medio?
Ese es el gran objetivo del libro. No se trata de copiar a los nórdicos ni de romantizar el estilo mediterráneo. Se trata de construir un modelo híbrido.
Un modelo donde se respete el tiempo, se planifique mejor y se trabaje con foco, pero donde también haya espacio para la vida personal, la desconexión y el disfrute.
¿Qué perfiles están aprovechando mejor este cambio de paradigma?
Hay un grupo muy interesante: directivos españoles que trabajan para empresas del norte de Europa. Están en una posición ideal porque combinan ambas culturas.
También hay directivos nórdicos que trabajan en España y que aportan esa mentalidad de estructura, pero se adaptan a entornos más flexibles.
Esa mezcla es muy potente.
¿Y qué ocurre con las empresas pequeñas o tradicionales?
Muchas pymes siguen ancladas en modelos del pasado. Modelos donde se mide el trabajo por horas y no por resultados.
Y ese es un error importante. El éxito no depende de estar más tiempo en la oficina, sino de hacer bien el trabajo en el tiempo adecuado.
En algunos sectores se podría pensar que trabajar menos afecta a la productividad global o incluso al consumo…
Es una reflexión interesante. Es cierto que si la gente sale antes del trabajo, tiene más tiempo para consumir servicios como gimnasios, cultura, ocio o restauración.
Pero el punto no es ese. El objetivo no es trabajar menos sin más, sino trabajar mejor. Si trabajas mejor, puedes vivir mejor y también generar un impacto económico más equilibrado.
¿Qué impacto tiene todo esto en la vida personal?
Es enorme. Cuando sales del trabajo con sensación de control, puedes estar presente en tu vida personal de verdad: con tus hijos, con tus padres, con tus amigos.
No estás físicamente, pero mentalmente agotado o desconectado. Y eso cambia completamente la calidad de vida.
¿Habéis visto casos de empresas que parecían imposibles de cambiar?
Sí, pero hay un patrón claro: cuando la dirección no está comprometida, el cambio no funciona.
Hemos tenido proyectos donde se nos pedía trabajar solo con mandos intermedios, sin tocar la dirección. Y esos proyectos no funcionaban.
En cambio, cuando la alta dirección se implica, el cambio es mucho más profundo y sostenible.
¿Y qué pasa con los llamados “escaqueados”?
Es un tema que aparece mucho, pero en la práctica no es tan frecuente como se cree.
Sí que hay personas que optimizan mucho su trabajo, trabajan con foco y cumplen objetivos sin necesidad de estar constantemente ocupadas.
Y eso a veces se malinterpreta como falta de implicación, cuando en realidad es eficiencia.
Para terminar, en sectores como hostelería o turismo, donde los horarios son duros, ¿cómo se aplica todo esto?
Es un sector con particularidades evidentes. No se puede comparar con otros trabajos de oficina.
Pero incluso ahí hay margen de mejora. Hemos trabajado con chefs de alto nivel y restaurantes importantes que han empezado a introducir cambios en horarios y organización para cuidar mejor al equipo.
Porque si no cuidas a las personas, no retienes talento.
¿Un mensaje final?
Cada persona y cada organización tiene que encontrar su propio equilibrio. No hay una fórmula perfecta.
Pero sí hay una idea clara: trabajar mejor no es trabajar más, y vivir mejor no es un lujo, es una consecuencia de hacerlo bien.
Y ese equilibrio es responsabilidad tanto de la empresa como de cada individuo.
Xavier Borrell
Agustin Peralt
JORIS VAN DER
Editorial: Plataforma
ISBN: 9791388080180
Idioma: Castellano
Número de páginas: 176
Año de edición: 2026







