Los Hinojosa son una familia como las de antes.
Disfuncional.
Todo son conflictos constantes, mala comunicación, abusos o negligencia, lo que impide cubrir las necesidades afectivas y el desarrollo de sus integrantes.
Don Miguel fue un padre duro. Pétreo. Militar de profesión. Y vocación. Siempre estuvo la patria por delante de la familia. Y eso, con el paso del tiempo, acabó haciendo mella en los hijos. Todos varones. Como debe ser.
Y todos ellos con profesiones de verdad. Bueno todos no. Los gemelos estuvieron muy mimados por su madre y salieron, uno sacerdote, Ismael, y el otro maestro, Gabriel. Cuando todo el mundo sabe que la cultura no sirve para nada. Y casarse con Dios. Menuda estupidez.
Por suerte los cuatro primeros fueron militar, Rafael, notario, Manuel, juez en la Audiencia Nacional Abel, y policía, Ezequiel. Vale. Ex policía. Pero fue culpa de la ex mujer. Cuatro profesiones que juntas pueden gobernar un país.
Por supuesto los nombres de pila fueron elegidos por el padre. Don Miguel mandaba. Todos los nombres acababan en “el”, abreviatura de Elohin que en hebreo significa “Dios o hace referencia a lo divino”.
Don Miguel vive con su hijo mayor, la mujer de este, Nines, y la hija de ambos, Laura. La mujer de Don Miguel murió de cáncer años atrás. Pero el Coronel Hinojosa ya no aguanta a su padre. Si estuvieran en un cuartel ya estaría en el calabozo. Así que con una rápida llamada a su hermano Abel deciden ingresarlo en una residencia de oficiales.
Es la Navidad de 2018.
Nadie en la familia traga al pater de familia. Y que estén desperdigados por la geografía española tampoco ayuda a mantener una estrecha relación afectiva. Ni siquiera sus nietos tragan al abuelo. Sobre todo por cómo trató a su abuela muerta.
No saben que lo poco que queda en pie de la familia está apunto de derrumbarse.
Nito Serra es un detective afincado en Menorca. Pero casi todos sus trabajos se realizan en la península. Hasta ella vuela para verse con Tarsicio Antúnez, director de la escuela Buena Nueva Divina de la Orden de los Siervos de Dios. Ubicados en Barcelona desde hace muchos años, en la zona alta de la ciudad han recibido un anónimo acusando a uno de sus profesores de abusos a un alumno, pidiendo que la Orden actúe en contra del profesor.
El director de la escuela pide al detective que investigue a sus profesores para saber quién es dicho profesor.
Cuando Nito descubre quién está detrás de esos abusos y se lo hace saber al director, este le recomienda que no diga nada a nadie y se olvide del caso.
Lo que no sabe Antúnez es que Nito tiene un socio en Barcelona, Berto Crusellas, y que ya le pasó toda la información. Nada malo hay en ello. El problema es que Berto estudió en esa escuela y fue objeto de abusos por parte del sacerdote a primeros de los años ochenta y no va a dejar estar el tema, aunque le cueste, literalmente, la vida.
Vipéreos, la tercera novela de J. A. Aguilar (Barcelona, 1957) tras Gandallas (2022) y Malandros (2025) trata un tema difícil. Oscuro. Silenciado por años. Infinitamente tratado estos últimos años. Pero nunca restituido como debería ser.
Solo tenemos que leer la novela para ver cómo actúan estos energúmenos. Tapan bajo la alfombra su propia mierda. En este caso ambos abusadores son destinados a otros centros. Tal cual se hace en la vida real.
La lucha de las víctimas para sacar a relucir toda esa mierda siempre se encontró con un silencio abrumador por parte de todos aquellos que están alrededor de los abusadores, haciendo caso omiso a las quejas, mirando para otro lado o directamente negando los hechos.
Aguilar muestra tanto el terror de la víctima como la impunidad del culpable.
Incluso llega al límite de querer tomar la justicia por su mano. Berto quiere acabar literalmente con la vida de su abusador y para ello no solo compra un arma sino que le acosa por la calle para tenderle una trampa.
Aguilar lleva a sus personajes al límite de su capacidad psicológica. Tanto a Berto como a Rafael. Un hecho oscuro en el pasado de su hija cuando esta era una adolescente desencadena una guerra familiar que separa definitivamente a la familia.
Ambos personajes deben decidir entre la justicia y la moralidad. En ambos casos su conflicto interior y exterior llegará a extremos que nunca hubieran podido imaginar. Y en ambos casos sus vidas se verán sacudidas y ya no volverán a ser igual.
Cómo un hecho del pasado puede hacer cambiar nuestro futuro es una afirmación tan real como que el aleteo de una mariposa puede desencadenar un tsunami en el otro lado del mundo. La teoría del caos está más que vigente en Vipéreos.
SALVA G.
Autor: J. A. Aguilar
Editorial: NPQ Editores
Edición: 1ª edición, marzo de 2026
Número de páginas: 242
I.S.B.N. 979-13-88234-01-9






