Tras una experiencia personal que cambió por completo su manera de entender la existencia, la autora de El hilo rojo de la felicidad convierte esa vivencia en una novela que invita a reflexionar sobre el miedo a la muerte, el sentido de la vida, la importancia de detenerse y la necesidad de reconciliarnos con nosotros mismos. A través del viaje de su protagonista, la escritora propone un recorrido emocional que ofrece herramientas para afrontar la incertidumbre, las pérdidas y los cambios, recordando que la auténtica felicidad nace desde el interior y no de las circunstancias externas.
¿Cómo nació la idea de escribir El hilo rojo de la felicidad?
La novela nació a raíz de una experiencia muy personal que marcó un antes y un después en mi vida. Hace dieciséis años recibí un diagnóstico médico que me hizo creer que quizá solo me quedaba un año de vida. Aquella noticia cambió completamente mi manera de mirar el mundo. En lugar de vivir con miedo, decidí aprovechar ese tiempo como si realmente fuera el último. Ese año acabó convirtiéndose en el mejor de mi vida porque aprendí a priorizar lo verdaderamente importante, a dejar atrás muchos miedos y a desprenderme de preocupaciones que hasta entonces ocupaban demasiado espacio.
Con el paso del tiempo sentí la necesidad de compartir ese aprendizaje. No quería escribir un libro de autoayuda, sino una novela con personajes, emociones y una historia capaz de conectar con cualquier lector. Daniel representa a muchas personas que viven en piloto automático hasta que un acontecimiento inesperado las obliga a replantearse todo.
El punto de partida de la novela es un diagnóstico que cambia radicalmente la vida del protagonista. ¿Qué querías transmitir con esa situación?
Quería mostrar que, muchas veces, necesitamos un gran impacto para detenernos y preguntarnos si estamos viviendo la vida que realmente queremos. Daniel tiene éxito profesional, estabilidad económica y todo aquello que aparentemente garantiza la felicidad. Sin embargo, cuando recibe la noticia de que le queda poco tiempo de vida descubre que, en realidad, ha olvidado quién es y qué desea de verdad.
No hace falta recibir una noticia tan dura para hacer esa reflexión. Todos deberíamos preguntarnos de vez en cuando si el camino que seguimos responde a nuestros propios deseos o simplemente a las expectativas de los demás.
La novela habla de enfermedad y de muerte, pero el mensaje final está lleno de esperanza. ¿Era importante mantener ese equilibrio?
Sí, porque nunca quise escribir una historia centrada únicamente en el sufrimiento. Al contrario, considero que hablar de la muerte es, en realidad, hablar de la vida. Cuando aceptamos que nuestra existencia es limitada empezamos a valorar mucho más cada momento, las relaciones personales, el tiempo compartido y las pequeñas cosas que antes pasaban desapercibidas.
Creo que el gran problema es que nuestra sociedad vive de espaldas a la muerte. Nos cuesta hablar de ella y preferimos evitar cualquier conversación relacionada con ese tema. Sin embargo, cuando aprendemos a mirarla con naturalidad, desaparecen muchos miedos y comenzamos a vivir con mayor intensidad y autenticidad.
En la historia aparece un personaje que acompaña al protagonista durante su transformación. ¿Qué papel desempeña?
Representa la figura de quienes aparecen en determinados momentos para ayudarnos a encontrar respuestas que, en realidad, siempre estuvieron dentro de nosotros. No pretende dirigir la vida de Daniel ni decirle lo que tiene que hacer. Su función consiste en acompañarlo, hacerle preguntas y ofrecerle herramientas para que sea él mismo quien descubra el camino.
En cierto modo, ese personaje recoge también parte de mi experiencia profesional acompañando a personas en procesos de cambio personal.
Uno de los mensajes más repetidos en el libro es que el sufrimiento nace muchas veces en la mente. ¿Qué significa exactamente esa idea?
No podemos evitar que sucedan acontecimientos dolorosos. Todos vamos a experimentar pérdidas, enfermedades, decepciones o fracasos. Lo que sí podemos aprender es a gestionar la manera en que respondemos a esas circunstancias.
Nuestra mente genera continuamente pensamientos, muchos de ellos anticipando problemas que nunca llegarán a producirse. Si aprendemos a observar esos pensamientos sin identificarnos completamente con ellos, sufriremos mucho menos. No significa dejar de sentir dolor, sino evitar añadir un sufrimiento innecesario que solo existe en nuestra interpretación de los hechos.
Vivimos rodeados de estímulos constantes y de redes sociales que muestran una felicidad aparentemente perfecta. ¿Cómo influye eso en nuestro bienestar?
Influye muchísimo. Estamos expuestos a una cantidad enorme de información y comparaciones. Las redes muestran solo una parte de la realidad y muchas personas terminan creyendo que la felicidad consiste en sonreír permanentemente o en alcanzar determinados logros.
La felicidad auténtica no funciona así. Habrá días buenos y días difíciles. La clave está en construir una estabilidad interior que no dependa exclusivamente de lo que ocurre fuera. Cuando aprendemos a sostenernos emocionalmente, las circunstancias dejan de controlar completamente nuestro estado de ánimo.
También reivindicas la importancia de parar en un mundo que parece exigir velocidad constante.
Vivimos con demasiada prisa. Tenemos la sensación de que siempre debemos producir más, hacer más cosas y responder inmediatamente a todo. Esa velocidad permanente nos desconecta de nosotros mismos.
Parar no significa renunciar a nuestros proyectos, sino regalarnos momentos para escucharnos, reflexionar y comprobar si seguimos caminando hacia el lugar al que realmente queremos llegar. Muchas veces basta con detenerse unos minutos para descubrir que llevamos demasiado tiempo viviendo en automático.
¿Crees que muchas personas se sentirán identificadas con el personaje de Daniel?
Estoy convencida de ello porque representa una realidad muy frecuente. Hay muchas personas que han construido una vida aparentemente perfecta, pero sienten un vacío difícil de explicar. Han dedicado años a cumplir expectativas ajenas y, en algún momento, descubren que apenas se conocen a sí mismas.
Daniel simboliza ese despertar. Su viaje demuestra que nunca es tarde para cambiar el rumbo y comenzar a vivir de una manera más coherente con nuestros valores y deseos.
Después de todo el proceso de escritura, ¿qué ha supuesto esta novela para ti?
Ha sido un viaje profundamente enriquecedor. Escribir me ha permitido volver a mirar mi propia historia con gratitud y comprobar cuánto he aprendido desde aquella experiencia que cambió mi vida.
También ha sido emocionante recibir mensajes de lectores que se han sentido acompañados por la novela durante momentos complicados. Saber que una historia puede aportar esperanza o ayudar a alguien a afrontar una pérdida es, probablemente, la mayor recompensa que puede recibir un escritor.
¿Qué te gustaría que sintiera el lector cuando cierre el libro?
Me gustaría que terminara la lectura haciéndose una pregunta muy sencilla: "¿Estoy viviendo la vida que realmente deseo?". Si la novela consigue despertar esa reflexión, ya habrá cumplido su propósito.
Ojalá cada lector encuentre entre sus páginas una invitación a reconciliarse consigo mismo, a valorar el presente y a comprender que la felicidad no depende tanto de las circunstancias como de la forma en que decidimos caminar por ellas.
Xavier Borrell
El hilo rojo de la felicidad
Thais Alonso
Ediciones Isthar Luna Sol
ISBN: 9788419619921
Idioma: Castellano
Número de páginas: 294
Año de edición: 2026