Al igual que la Fédération Française de Fonk, en inglés French Federation Funk, era mundialmente conocida, simple y llanamente como FFF, aún recuerdo su concierto en la sala Apolo hace ahora más de treinta años, podríamos llegar a definir Venenos literarios, el último libro de Kathryn Harkup con esas mismas tres letras: FFF.
Aunque debemos aclarar que en este caso esas tres letras corresponden a la abreviatura de fascinante, fantástico y funcional.
En los catorce capítulos que componen este interesante libro, aparecen explicadas las catorce sustancias mortales que la “reina del crimen”, “la maestra del misterio” o “la duquesa de la muerte” Agatha Christie (Torquay, 1890 – Winterbrook, 1976) utilizó en catorce de sus novelas y/o relatos cortos, de entre sus 78 novelas policiacas y sus más de 150 relatos cortos, sin olvidar sus veinte obras de teatro, los cuatro libros de no ficción y sus seis novelas “normales”.
Pero su explicación no es breve, ni por encima, ni mucho menos superflua. No. Para nada. Kathryn Harkup, química, escritora y divulgadora científica británica, como Christie, deja muy claro con su escritura que está especializada en acercar la ciencia al gran público a través de la literatura y la cultura popular. Y damos fe de ello tras la lectura de estos Venenos literarios, todo un recorrido científico por los venenos que Agatha Christie utilizó para cometer sus crímenes más ingeniosos. Las explicaciones de Harkup, como íbamos diciendo se dividen en varios subcapítulos dentro de cada uno de los capítulos, siendo estos antes que nada una aproximación a la novela a grandes rasgos en donde aparece el susodicho veneno; una explicación del producto en sí, con todos los datos que se puedan llegar a aportar; la explicación científica y real de cómo mata ese veneno; la eterna pregunta: ¿existe antídoto para él?; los casos reales aparecidos en el mundo y finalmente cómo Agatha interacciona con el producto en sus novelas.
Evidentemente que Agatha Christie conociera los fundamentos científicos de todos esos venenos, no sólo dotaba de verosimilitud a sus obras, sino que conseguía a base de ellos unos enigmas más elaborados, desde en veneno para flechas, un clásico donde los haya, hasta el veneno de serpiente, pasando por el ácido fórmico, el ácido clorhídrico, la nitroglicerina, la procaína o la taxina, por nombrar solo algunos ejemplos.
¿Y cómo era tan ducha en este campo la buena de Christie?
Tal vez esta sea la pregunta más fácil que podemos hacernos, y tenga la respuesta más sencilla de todas: su título de farmacéutica le avaló.
Por ello su facilidad de controlar las dosis, los compuestos, los daños e incluso sus síntomas en todas sus obras. Durante la Primera Guerra Mundial estuvo trabajando de voluntaria en el Hospital de la Cruz Roja de su pueblo y pasó horas rodeada de frascos letales, midiendo dosis que curaban o mataban con un solo decimal de diferencia.
Recuerda Christie en su autobiografía que toda su vida estuvo rodeada de venenos y por ello la muerte por envenenamiento fue uno de sus métodos predilectos en sus crímenes, tanto, que usó el método en casi la mitad de sus novelas, más que cualquier otro escritor.
Era tan preciso su conocimiento del tema que, según cuentan, algunos patólogos llegaron a consultar sus novelas para resolver casos de envenenamiento.
Sí, Venenos literarios es un libro para disfrutar de él sin prisa, saboreando todos esos venenos, tranquilos que leer todavía no mata, que ampliará nuestro conocimiento, nos hará comprender muchas cosas, y conseguirá que entendamos nuestro cuerpo mucho mejor. Amén de acabar siendo un libro ameno y entretenido que nos llevará a releer las obras deChristie con otros ojos.
Subo mi apuesta inicial con otras tres efes más: fenomenal, fabuloso y fiel.
SALVA G.
Autor: Kathryn Harkup
Editorial: Pinolia
Edición: 1ª edición, octubre 2025
Número de páginas: 317
I.S.B.N. 979-13-87556-69-3

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