Que no nos engañen las apariencias, que la nueva novela de Diego Sánchez Aguilar (Cartagena, 1974) esté resumida en tan solo 123 páginas, ni le quita valor, ni le quita profundidad, ni mucho menos tensión.
En El órgano, la susodicha novela, un funcionario (sin nombre) es enviado a un pueblo de montaña (sin nombre) para investigar dos sucesos sospechosos: el incendio de la iglesia y la trágica muerte de su organista.
A través de una serie de entrevistas con los lugareños (ninguno de ellos sin nombre), el funcionario irá descubriendo la fascinante figura de ese músico y obviamente, los oscuros secretos de un pueblo.
Mitad tragedia griega, mitad novela policiaca, con tintes de cuento de terror, El órgano cuenta la historia de ese organista, la de su mujer y la de su hijo (todos ellos sin nombre) a base de mentiras y/o verdades que cuentan los vecinos dispuestos a ello a nuestro querido funcionario, que a la postre se convierte en nosotros, ya que somos partícipes de todas las historias de tal modo como si las contasen al ávido lector.
El uso contínuo de la voz por parte de las tres hermanas, tres montañas silenciosas que todo lo ven desde su fantástica atalaya y saben quién dice la verdad y quién miente, hace que el olor a tragedia griega aflore a cada momento en la novela.
El órgano es también y desde mi punto de vista, sobre todo, un grito antibelicista, un magnífico y expresivo mural de cómo las guerras convierten en demonios a los hombres, por muy ángeles que estos hubieran sido.
El órgano es una novela opresiva, cerrada, de silencios, aunque los protagonistas (sin nombre) no callen, en casi todos los casos solo cuentan su historia, que no la verdad, el pueblo donde ocurren los hechos se muestra aislado, lejos de la ciudad, casi con su propia ley, ajeno a todo, incluso diría que sus habitantes odian a todo aquel extraño que llega, solo tenemos que preguntarnos dónde se fueron los organistas anteriores, y son en definitiva una comunidad muy suya.
El órgano no es de consumo masivo, ni siquiera se podría recomendar para estas tardes de verano , puede resultar demasiado asfixiante tal y como lo son a día de hoy estos días, pero sí que la veo perfecta para un fin de semana de diciembre, cuando en las calles de la ciudad no campan a sus anchas visitantes foráneos, todo es más tranquilo, más oscuro y más recogido.
La novela es arriesgada, pero no se puede ganar sin arriesgar.
SALVA G.
Autor: Diego Sánchez Aguilar
Editorial: Candaya
Edición: 1ª edición, abril de 2025
Número de páginas: 123
I.S.B.N. 978-84-18504-80-8

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