Ángel Francisco Sánchez Escobar es el autor de La patria de papel, una novela que recupera la figura de José Manuel Gallegos Rocafull, sacerdote, intelectual y defensor de la República durante la Guerra Civil española. A través de su protagonista, el autor se acerca a una parte de nuestra historia marcada por el conflicto, el exilio, la fe y la defensa de unos principios.
¿Qué le llevó a escribir La patria de papel y a interesarse por José Manuel Gallegos Rocafull?
Desde hacía tiempo sentía la necesidad de acercarme a una figura religiosa diferente de la imagen de la Iglesia que tantas veces se ha transmitido de la España vencedora de la Guerra Civil. Quería encontrar a un sacerdote cuyo evangelio no estuviera al servicio del poder, sino del sufrimiento y de los más desfavorecidos. Así descubrí a Gallegos Rocafull y me sentí identificado con muchas de sus ideas y con su manera de entender la fe.
¿Qué encontró en él que le resultó tan atractivo?
No buscaba un héroe, sino una verdad moral. Gallegos Rocafull me parecía un hombre en el que se podía vivir y comprender buena parte de la historia del siglo XX. Su vida estuvo marcada por decisiones muy difíciles y por la necesidad de mantenerse fiel a sus convicciones.
Su novela recorre buena parte de la historia de España. ¿Cómo fue reconstruir una vida tan compleja?
Fue un proceso muy intenso. Cuando empecé a escribir, la historia fue adquiriendo una vida propia y llegó mucho más lejos de lo que yo había imaginado. Gallegos Rocafull nació en Cádiz y, tras la muerte de su padre, se trasladó con su madre a Marchena. Allí comenzó a tomar conciencia de las desigualdades y de las contradicciones que existían dentro de la propia Iglesia.
Después estudió en el Seminario de Sevilla, donde conoció una gran rigidez, y posteriormente continuó su formación en Madrid. Más adelante viajó por Europa y entró en contacto con intelectuales católicos, liberales y universalistas que influyeron profundamente en su pensamiento.
La novela incorpora también un diario, el llamado «libro azul». ¿Qué función tiene dentro de la historia?
El diario es como una segunda voz dentro de la novela. La historia comienza en Marchena y Gallegos Rocafull empieza a escribir allí sus experiencias e intimidades. Muchos años después, ya exiliado en México, recibe una carta de la nunciatura en la que se le comunica la recuperación de su condición sacerdotal. Entonces vuelve a mirar aquel manuscrito y empieza a recordar su vida.
El «libro azul» permite introducir ese juego de memoria y de flashback, y al mismo tiempo nos acerca a la parte más íntima del personaje.
¿Fue difícil separar la documentación histórica de la creación literaria?
Sí, porque una cosa es la documentación y otra la literatura. Yo no quería limitarme a reconstruir los hechos. Quería saber qué podía suceder en el interior del personaje, cuáles podían ser sus sentimientos, sus dudas y sus conflictos.
Para ello investigué mucho, pero también intenté sentir al personaje desde dentro. Me he sentido muy identificado con él, hasta el punto de que llegó un momento en que parecía que había tomado su propio rumbo.
¿Cómo consiguió documentarse sobre una figura que había quedado bastante olvidada?
Empecé a investigar precisamente porque quería encontrar una figura religiosa que no estuviera identificada con el franquismo. Fui recuperando documentos y descubrí que no había demasiada bibliografía sobre él. Uno de los materiales fundamentales fue Mi pequeña grey, donde él mismo cuenta parte de su historia.
A partir de esa documentación fui construyendo literariamente la novela. Los documentos me proporcionaban los hechos, pero yo necesitaba darles vida y convertirlos en una historia.
Gallegos Rocafull tuvo que enfrentarse al régimen franquista. ¿Qué cree que le llevó a tomar esa decisión?
No debió de ser nada fácil. Si hubiera aceptado determinadas posiciones, probablemente habría podido llevar una vida mucho más cómoda. Sin embargo, sus convicciones le llevaron por otro camino.
Durante la República viajó a Europa, a Bruselas y París, donde conoció a numerosos intelectuales. Aquellas experiencias reforzaron su visión de un catolicismo abierto, liberal y universalista. Llegó incluso a defender la República ante el propio Vaticano. Como consecuencia, sufrió graves represalias y se le retiraron sus facultades sacerdotales.
¿Cómo vivió los años de la Guerra Civil y el posterior exilio?
Fue una etapa muy compleja. Regresó a España durante la guerra y estuvo en Valencia y Barcelona, antes de marcharse finalmente a Nueva York. Después terminó en México, donde comenzó una nueva etapa de su vida.
En México encontró en la enseñanza una forma de reconstruirse. La educación le dio una nueva vida y le permitió continuar desarrollando su pensamiento y su vocación intelectual.
¿Es ahí donde adquiere sentido el título de La patria de papel?
Exactamente. Su patria acaba estando en el papel: en sus escritos, en su diario, en las fotografías, en la enseñanza y en los recuerdos. Es como si tuviera que reconstruir su propia patria a través de todo aquello que conserva de su pasado.
¿Qué importancia tuvo la enseñanza durante su exilio mexicano?
Fue fundamental. Sus alumnos lo admiraban y lo querían mucho porque era un hombre extraordinariamente generoso. Además de sacerdote, era un gran intelectual y tenía dos doctorados. Había estudiado con Ortega y Gasset y poseía una formación muy amplia.
Creo que esa etapa demuestra que, incluso después de haber perdido tantas cosas, encontró en la educación una manera de seguir siendo él mismo.
¿Considera que Gallegos Rocafull fue un héroe?
No es así como lo veo. Precisamente quería alejarme de la idea del héroe. Lo que me interesaba era mostrar a un hombre con principios, con contradicciones y con una enorme dimensión moral. Creo que juzgarlo desde nuestra perspectiva actual es fácil, pero vivir aquellas circunstancias debió de ser muchísimo más difícil.
¿Se siente reflejado en sus personajes y en las historias que escribe?
Yo siempre escribo sobre mis ideales. En mis novelas busco personajes y situaciones que me permitan reflexionar sobre aquello en lo que creo. Soy una persona profundamente religiosa y, al investigar la vida de Gallegos Rocafull, encontré una figura que me resultaba especialmente cercana.
¿Qué le gustaría que el lector se llevara después de leer La patria de papel?
Me gustaría que descubriera a una persona que merece ser conocida y que forma parte de una historia que durante mucho tiempo ha permanecido en segundo plano. Pero también quisiera que el lector reflexionara sobre la libertad, la conciencia y la necesidad de mantener los propios principios incluso cuando hacerlo tiene un precio muy alto.
Para terminar, ¿por qué cree que hoy sigue siendo importante recuperar la memoria de personas como Gallegos Rocafull?
Porque forman parte de nuestra historia y porque su ejemplo nos permite comprender que no todo fue blanco o negro. También hubo personas dentro de la Iglesia que defendieron otra manera de entender la fe y que se enfrentaron al poder por sus convicciones. Recuperar esas voces significa recuperar una parte de nuestra memoria colectiva.
La patria de papel, de Ángel Francisco Sánchez Escobar, publicada por La Jungla de las Letras, recupera así la figura de José Manuel Gallegos Rocafull y nos propone un viaje por la historia de España a través de la fe, el compromiso, el exilio y la memoria.
Xavier Borrell
Ángel Francisco Sánchez Escobar
ISBN: 978-84-129656-8-1
Editorial: La Jungla de las Letras
Colección: narrativas
Nº páginas: 312
Idioma de publicación : Castellano


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