Andrea, en varias ocasiones has hablado de la importancia de estar presente durante el proceso de escritura. ¿Cómo vives ese momento creativo?
Para mí la escritura ocurre siempre en el presente. Cuando escribo, escribo para escribir; no estoy pensando en los resultados que pueda tener el texto dentro de unos años ni en cómo será recibido por los lectores. Mi principal preocupación es hacer el trabajo lo mejor posible en ese instante. Intento poner todo de mí en la página, toda mi atención, toda mi sensibilidad y toda mi honestidad. Creo que si estuviera pensando constantemente en el futuro, en las expectativas o en las consecuencias de lo que escribo, me resultaría muy difícil concentrarme en el acto mismo de crear.
La escritura exige una especie de entrega total. Hay que estar dispuesto a habitar el momento, a escuchar lo que el texto necesita y a seguirlo sin saber exactamente a dónde va. Por eso trato de no proyectarme demasiado hacia adelante. Todo lo que ocurre después —la publicación, los lectores, los comentarios, los reconocimientos— es algo que agradezco profundamente, pero no forma parte del momento de la escritura. Cuando llega, lo vivo como un regalo.
¿Dirías entonces que la escritura es una experiencia más ligada al presente que a la expectativa?
Sí, completamente. Creo que escribir implica una relación muy intensa con el presente. Es un trabajo que requiere atención, observación y disponibilidad emocional. Cuando uno está demasiado preocupado por el futuro, por el éxito o por el reconocimiento, corre el riesgo de perder contacto con lo que realmente importa: la construcción del texto.
Además, hay algo muy misterioso en el proceso creativo. Muchas veces uno no sabe exactamente qué está buscando ni qué va a encontrar. Si intentara controlar todo desde el principio, probablemente limitaría las posibilidades de descubrimiento que ofrece la escritura. Por eso prefiero concentrarme en el trabajo cotidiano y dejar que las demás cosas sucedan como tengan que suceder.
A menudo se habla de la relación entre poesía y narrativa. En tu caso, ¿cómo dialogan estos dos géneros?
Creo que la relación es muy cercana. Muchas veces pensamos en la poesía y la narrativa como territorios completamente separados, pero para mí existe un diálogo constante entre ambas. La poesía tiene una capacidad extraordinaria para generar visiones, para crear imágenes que transforman nuestra manera de percibir el mundo. Su fuerza proviene, en gran medida, de esa capacidad de condensar experiencias y emociones a través de imágenes.
Cuando escribo narrativa, me interesa conservar algo de esa potencia poética. Me gusta que el lenguaje tenga densidad, que las imágenes abran espacios de significado y que los lectores puedan experimentar no solo una historia, sino también una forma particular de mirar la realidad. En ese sentido, la poesía puede estar presente dentro de la prosa.
¿Qué aporta entonces la narrativa que la poesía no siempre puede ofrecer?
La narrativa tiene una dimensión que me fascina: la posibilidad de contar historias. Aunque existen poemas narrativos, la poesía generalmente no se centra en el desarrollo de una trama o en la evolución de personajes de la misma manera que una novela o un cuento.
A mí me produce una enorme felicidad contar una historia. También me encanta escuchar historias o leerlas. Hay algo muy antiguo en ese placer. Desde hace siglos, los seres humanos nos reunimos para escuchar relatos, para seguir las aventuras de personajes, para acompañarlos en sus conflictos y transformaciones. Es una experiencia profundamente humana.
Cuando leemos una novela, convivimos con los personajes durante un tiempo. Nos encariñamos con ellos, sufrimos cuando sufren, celebramos sus triunfos y nos preocupamos por su destino. Esa relación emocional es una de las cosas más hermosas que ofrece la narrativa.
¿Crees que esa capacidad de generar empatía es una de las grandes fortalezas de la prosa?
Sí, sin duda. La narrativa permite explorar la complejidad de la experiencia humana de una manera muy amplia. A través de los personajes podemos comprender otras vidas, otras formas de pensar y otras maneras de sentir.
La empatía que surge de una historia es algo muy poderoso. Cuando seguimos el recorrido de un personaje, de alguna manera ampliamos nuestra propia experiencia. Podemos entrar en mundos que no conocíamos y comprender situaciones que quizás nunca hemos vivido. La literatura tiene esa capacidad extraordinaria de acercarnos a los demás.
Has mencionado que en la prosa puede existir la poesía. ¿Crees que esa combinación es una de las mayores riquezas de la narrativa?
Sí, porque la prosa puede reunir distintas posibilidades expresivas. Por un lado, tiene la capacidad narrativa: puede desarrollar personajes, construir conflictos y desplegar historias complejas. Por otro lado, también puede incorporar la intensidad del lenguaje poético y la fuerza de las imágenes.
Cuando esas dos dimensiones logran convivir de manera orgánica, ocurre algo muy especial. El lector no solo sigue una historia, sino que también experimenta una manera particular de percibir el mundo. Creo que ahí reside una de las grandes posibilidades de la literatura.
Sin embargo, también señalas que la poesía posee cualidades únicas.
Claro. No me gustaría que pareciera que la narrativa puede hacerlo todo. La poesía tiene recursos y poderes propios. Hay experiencias, emociones o intuiciones que la poesía puede expresar con una intensidad difícil de alcanzar en otros géneros.
La concentración del lenguaje poético, su musicalidad, su capacidad de sugerencia y su libertad formal le permiten llegar a lugares muy singulares. Por eso siento un enorme respeto por la poesía. Es un género que admiro profundamente.
¿Te resulta difícil escribir poesía?
Sí, mucho. A veces existe la idea de que la poesía es una escritura más espontánea, pero para mí es exactamente lo contrario. Es un género extremadamente exigente. Cada palabra cuenta, cada silencio importa, cada imagen debe tener una razón de ser.
Quizás por eso la considero tan difícil. La poesía exige una precisión enorme y una capacidad de síntesis que admiro muchísimo. Cuando leo buena poesía siento que estoy frente a una forma de conocimiento muy particular, una manera distinta de comprender el mundo.
Finalmente, acabas de publicar La sed se va con el río. ¿Qué significa para ti compartir este libro con los lectores?
Publicar un libro siempre es una experiencia emocionante. Durante mucho tiempo la escritura es un proceso íntimo y solitario. Uno trabaja acompañado únicamente por las palabras, los personajes y las preguntas que van surgiendo en el camino. Cuando el libro finalmente llega a los lectores, comienza una nueva etapa.
Me siento muy agradecida por la recepción que ha tenido y por el interés que ha despertado. Sin embargo, trato de mantener la misma actitud que tengo cuando escribo: recibir todo lo que llega con gratitud, sin olvidar que el verdadero centro de esta experiencia sigue siendo el acto de escribir. Al final, es allí donde comienza todo y donde encuentro el sentido más profundo de mi trabajo.
Xavier Borrell
Andrea Mejía
Editorial: Alfaguara
ISBN: 9791387846534
Idioma: Castellano
Número de páginas: 176
Año de edición: 2026
Colección: Hispánica


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