dilluns, 25 de febrer de 2019

Entrevista a Guillermo Galván autor de ‘Tiempo de siega’

© Wilma Lorenzo

En el principio del franquismo las novelas negra no se desarrollan al margen de la política gris que lo impregna todo, eso es lo que nos encontramos en la fabulosa 'Tiempo de siega' de Guillermo Galván.

¿Cómo ha sido introducirse de los inicios del franquismo para escribir esta novela?
Para quien es lector asiduo de la historiografía de esa época escribir al respecto no debe presentar demasiado problema. Ya había escrito sobre la policía franquista de primeros de los años sesenta en “Antes de decirte adiós”, pero hacerlo sobre 1941 significa indagar en el origen del asunto, con las heridas de la guerra civil todavía en carne viva y los primeros cimientos institucionales de la dictadura en construcción.

Carlos Lombardi se encuentra en una situación muy complicada cuando es requerido a hacer la investigación ¿Lo hace pensando en si no puedes con tu enemigo únete a él?
En absoluto. Cuando alguien se siente injustamente condenado a doce años de prisión y lo hace picando piedra en Cuelgamuros, su primera obsesión es la libertad. Y si la forma de conseguirla, al menos provisionalmente, es hacer lo que siempre ha hecho, que es la investigación criminal, no hay escrúpulos ideológicos que valgan. Lombardi no renuncia a sus ideas y, a pesar del paréntesis, sigue siendo un convicto. 

Investigar sobre un tema que se mantiene en secreto no debe ser tarea fácil, más teniendo en cuenta que la víctima es un sacerdote.
En la España de 1941, la iglesia católica es un pilar fundamental del Régimen. En realidad, fue una de las grandes beneficiarias de un levantamiento militar que bendijo sin complejos. En la posguerra recogió los frutos de su complicidad, con un estatus de privilegio que la mantuvo por encima de cualquier sospecha. Algunos de sus actos inconfesables han seguido ocultos hasta hace muy poco. E investigarlos, naturalmente, era peligroso en aquellos tiempos.

¿Cómo era la vida en Cuelgamuros para los presos de la dictadura?
La estancia de Carlos Lombardi se produce durante los primeros meses de las obras, iniciadas en 1941, de modo que participa en las labores de infraestructura. Los presos eran mano de obra casi gratuita para las empresas que se encargaron de realizar el proyecto. Era un campo de trabajos forzados, como los cientos que había en ese momento repartidos por todo el país, dedicados a reparar estructuras ferroviarias, construir pantanos o excavar túneles para las vías de comunicación.  A cambio de unos cuantos años de esclavismo, redimían penas de cárcel; aunque muchos cayeron antes de lograrlo.

¿El lector encontrará una novela negra al uso?
Eso he intentado. Y creo que lo he conseguido. De todos modos, no es difícil hacerlo con un escenario como la primera posguerra, donde la ausencia de libertad, el miedo, el luto y la corrupción determinan un ambiente negrísimo sin el menor esfuerzo por tu parte: basta con describirlos.

Empieza la novela en la construcción de El Valle de los caídos ¿quería con ello hacer reflexionar sobre su construcción y el significado actual de ese mausoleo?
El Valle es un símbolo, y como todos los símbolos, está cargado de significado. Hoy, sigue siendo el escaparate, el skyline de una cruel dictadura.  El Valle es la exaltación de la victoria militar del fascismo sobre los valores de la democracia.  ¿Qué mejor sitio para empezar “Tiempo de siega”? Aunque, francamente, cuando escribí la novela, va para tres años, la actual polémica ni siquiera había asomado la nariz.

¿Se ha encontrado a gusto con Lombardi como para hacerlo aparecer en futuras entregas?
Es necesario un cierto enamoramiento de tus personajes para que la novela funcione. “Tiempo de siega” es mi décima novela publicada, y hasta ahora no me había planteado la posibilidad de secuelas. Sugerencias en ese sentido sí que hubo, por parte de lectores o editoriales, en los casos de “Aislinn” y “Sombras de mariposa”, pero nunca me decidí. El caso de Lombardi es distinto, porque le veo posibilidades de continuidad. De hecho, HarperCollins tiene los derechos para una segunda entrega que saldrá el próximo año, y ahora mismo estoy escribiendo una tercera.   

Se cuenta que el Madrid de 1941 era una ciudad llena de espías ¿Ha influido eso en la investigación de la trama?
Por supuesto, aunque de forma colateral. La segunda guerra mundial transcurre paralela a la primera posguerra. Y no solo Madrid: Barcelona, San Sebastián, Vigo, Sevilla, el Campo de Gibraltar, entre otros muchos sitios, eran nidos de espías, sobre todo nazis. El jefe de la Gestapo en España, Paul Winzer, se encargaba en esos momentos de la formación de la siniestra Brigada de Investigación Social y además dirigía el campo de prisioneros de Miranda de Ebro. No era fácil obviar a los nazis en aquel Madrid, y Lombardi, mal que le pese, debe enfrentarse a esa experiencia.
 
¿Cuáles son sus influencias literarias hasta llegar escribir una novela como esta?
Hay tantos nombres que no cabrían en una página, aunque no me atrevería a llamarlo influencia, porque significaría que algo de ellos se me ha quedado, y eso sería muy atrevido por mi parte. Cada buena lectura, cada descubrimiento, te aporta algo, siquiera de forma inconsciente. Y no es necesario apelar al género negro, que no deja de ser, en el fondo, una convención. Por citar algunos: Galdós, Baroja, Dostoievski, Sender, Martín-Santos, Auster, Kohout, Padura, Landero, McEwan, Coe, Grandes...

Xavier Borrell Campos

TIEMPO DE SIEGA
GUILLERMO GALVAN 
2019
Nº de páginas: 480 págs.
Editorial: HARPERCOLLINS
ISBN: 9788491393191


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