dilluns, 8 de juliol de 2019

'Universidad para asesinos / Universitat per assassins' - Petros Márkaris

Pero, a ver, que yo me entere.

¿De verdad queda alguien que no sepa quién es Petros Márkaris? Alguien que no haya estado en coma los últimos quince años, digo.

Vale, está bien. Intentaré explicarlo desde el principio. Por si ha tenido usted algún problema médico o, simplemente, es de los que prefieren las historias de reinos y dragones, o tal vez de acaudalados y sádicos amantes.

Petros Márkaris nació en Estambul solo cuatros después del final del Imperio otomano. Aunque ya ha llovido, esto no es tan antiguo como parece. Por la península ibérica hacía un año que la había liado parda un general gallego cuyo sable arrastraba por el suelo debido a su corta estatura, con la consiguiente rechifla de sus compañeros de promoción. Les ahorro las cuentas. Ochenta y dos años. De padre armenio y madre griega, se estableció en Atenas en los años cincuenta, pero no obtuvo la nacionalidad hasta el final de la Dictadura de los Coroneles, en 1974. Quizás la situación sociopolítica que le tocó vivir en su juventud le incrustó ideas de izquierdas y una acusada conciencia social. Amable, educado y de carácter afable, tras sus gafas, su pipa y la pinta de sabio despistado que le otorga su ralo cabello blanco, se esconde una inteligencia aguda e incisiva. Ha sido guionista de cine y televisión, pero sin duda la fama mundial le llegó gracias a la serie del comisario Kostas Jaritos, un hombre sencillo y trabajador que solo quiere disfrutar de su casa, sus suvlakis y su familia (lo más importante en su vida, cuya historia se desarrolla a lo largo de las novelas) una vez que resuelve el caso que tiene entre manos. Hombre de costumbres, cada mañana compra un café y un cruasán en la cafetería de la comisaría para tomárselos tranquilamente en su despacho. Rara vez lo consigue, pues siempre surge algún imprevisto que le estropea el momento.

No recuerdo con exactitud si esto lo he leído en alguna entrevista hace la tira de años, allá por los inicios de esta eterna crisis económica, o es el propio comisario Jaritos el que lo cuenta en una de sus apariciones, pero el caso es que, ya que no hay coches griegos, el comisario conduce un viejo Seat por las calles eternamente atascadas de Atenas, un Seat que se compró en solidaridad con los españoles para echarles una mano económicamente, ya que andan siempre tan jodidos como los helenos y entre iguales hay que ayudarse. La anécdota sirve para que el lector se haga una idea de por dónde van los tiros con Márkaris. Como al propio Jaritos, le cabrean las injusticias sociales y se siente solidario con los que menos tienen. Y ahí, siempre ahí, está la clave de sus novelas. En la crítica y la denuncia social, que imponen su presencia por encima de la propia resolución del caso que se plantea (siempre bien armado y resuelto con eficacia, como no podía ser menos), que hacen que Márkaris sea, posiblemente, uno de los autores más comprometidos de la actualidad.

En Universidad para asesinos (¿pensaban ya que me había olvidado de la novela que nos atañe?), el comisario regresa a la rutina después de unas merecidas vacaciones en el Épido, la tierra natal de su esposa Adrianí, para encontrarse con que su superior jerárquico se jubila. La plaza quedará de momento vacante, y el ya ex director propone a Kostas Jaritos para ocupar el cargo de manera interina, con la esperanza de que acabe siendo él el elegido. Apenas ha tenido Jaritos tiempo para pegarle un tiento al primer cruasán en su nuevo despacho cuando un ministro, antiguo profesor universitario de Derecho, es hallado muerto en su piso; al parecer, ha ingerido una tarta envenenada entregada por un desconocido. El ministro tenía muchas virtudes, pero también algún defecto, entre otros su pasión por los dulces. Y las investigaciones parecen conducir al mundo universitario, más que al político.
La crítica que, como ya he dicho, siempre aparece en sus novelas y que ha tocado temas tan dispares como la crisis bancaria o el periodismo, por citar solo dos de ellos desde que apareció la primera de la serie Jaritos Noticias de la noche (1995), se dirige en este caso hacia la degradación que en los últimos años ha sufrido el sistema universitario griego, hacia la pérdida de los valores propios del aprendizaje, la investigación y la enseñanza. También hacia el reconocimiento insustancial, fácil y efímero de la sociedad “conectada”.
Las personas eruditas son gente de biblioteca, de estudio y de trabajo científico. Los intelectuales son especialistas en todo y expertos en nada. Los eruditos tienen conocimientos, los intelectuales tienen opiniones y les gusta publicitarlas a la menor oportunidad.
El comisario deberá lidiar con el corporativismo de los profesores y la hostilidad manifiesta que los estudiantes sienten hacia la policía. En el centro de la diana, el sistema clientelar, las puertas giratorias que utilizan algunos para meterse en política, y normalmente forrarse, mientras mantienen sus puestos docentes e impiden que otros cubran las vacantes, causando importantes problemas a nivel organizativo dentro de la estructura universitaria. En muchas ocasiones a lo largo de la novela, y esto me ha pasado casi siempre que he leído a este autor, he tenido la sensación de que estábamos hablando de España y que Jaritos trabaja en alguna comisaría del centro de Madrid. Nos parecemos bastante, según parece. Normal que su personaje se compre un Seat, que Márkaris se sienta a gusto cuando viene por estos lares y sienta aprecio por nosotros. Al fin y al cabo, con los mismos problemas enquistados desde hace años, debe sentirse como en casa.
Vuelvo al principio. Si ha estado usted en coma los últimos tres lustros, no pierda más tiempo y coja una novela de Márkaris. Esta Universidad para asesinos o cualquier otra. Le prometo que no le defraudará.
 Alberto Pasamontes
UNIVERSIDAD PARA ASESINOS / UNIVERSITAT PER A ASSASSINS
PETROS MÁRKARIS
TUSQUETS 
2019
Número de páginas: 336
ISBN 9788490666722

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