dilluns, 1 de juliol de 2019

'Prohibido fijar cárteles' - Paco Gómez Escribano


El Pirri, el Vaquilla, unos años antes el Lute, el personaje quinqui ha formado parte del paisaje de nuestros barrios durante años, probablemente siglos. Cada uno de nosotros tendrá en los recovecos de su hipocampo alguna imagen, de convivencia o simple casualidad, asociada a personas que por deterioro del mensaje o  la dinamita del rumor acaban elevándose a  leyendas urbanas, dándole a sus desdichas, un halo de épica que probablemente no tuvieron. Desde los tiempos del mester de juglaría viene sucediendo y con toda probabilidad mucho antes también.

La perogrullada de que el tiempo pasa es cierta y de que lo nuestro es pasar, también. A pesar de que en conversaciones de noche y madrugada todos nosotros nos acordamos del cine quinqui de Eloy de la Iglesia y José Antonio de la Loma, incluso somos capaces de mencionar más de tres películas rodadas en la época, apenas algún nostálgico, colgado, melancólico o las dos cosas, vuelve a bajarse las películas del emule y verlas enteras. No se sientan culpables, afortunadamente hay un grupo de autores actuales que recuperan, aunque esta no sería la palabra correcta, el género quinqui, al menos en la narrativa.

El Lejía y el Tijeras son dos de esos personajes marginales y marginados que pululan o podían pulular por el barrio, el nuestro, el de al lado, en definitiva, por la mayor parte de las barriadas obreras, más o menos grandes, que intentaban sobrevivir a los ochenta.  En mi barriada había, y no era Canillejas, ni Madrid, bueno, igual Canillejas, por entonces,  tampoco era Madrid. En mi barriada también había un bar, bueno dos en la misma calle, que congregaba a la élite del barrio en horas punta y el resto de las horas, también,  como el bareto del Chino, aunque este no tenía barra en L. Lo que no recuerdo es que hubiera mafias, ni rusas, ni rumanas, ni cárteles de ningún tipo, puede que ahora sí, quizás mafias inmobiliarias que transformaron el paisaje y disfrazaron la fachada de las miserias, al menos en parte.

Mola que Paco Gómez Escribano hable de estas cosas, que haga de Pepito Grillo, que ponga en boca de un ex adicto de casi todo, reflexiones compartidas, que  agrande y mejore el punto de vista limitado y olvidadizo del pasado reciente, aun presente. Que le conceda el beneficio de la épica a todos aquellos que no sobrevivieron o lo hicieron malamente. En definitiva, merece mucho la pena que Paco Gómez siga siendo el Escribano de Canillejas.

José Ramón Gómez Cabezas

Prohibido fijar cárteles.
Paco Gómez Escribano
Editorial Milenio
2019
167 pags.
ISBN: 978-84-9743-866-7

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