dilluns, 16 de gener de 2017

'La carne' - Rosa Montero


Resulta cuanto menos difícil reseñar un libro cuando al llegar a su final la propia autora nos hace Una petición junto con sus Agradecimientos: “Querido lector, quisiera pedirte un favor. Y consiste en que guardes silencio”

Pero lo intentaremos.

Soledad acaba de romper con su último amante. Sí, amante. Mario, así reza su nombre, sigue casado y aunque constantemente le decía que dejaría a Daniela, su mujer, al final a quien dejó fue a Soledad. Sin duda un nombre que le viene de perlas. A sus casi sesenta años sigue soltera y si Mario la dejó fue por el simple hecho de no poder tener hijos. Y Mario quería hijos. ¿La prueba? Dos meses después de dejarla, Soledad  se enteró que Daniela estaba embarazada.

Pero lo que peor lleva Soledad es que justo el día de su sexagésimo cumpleaños en el Teatro Real se estrena la ópera Tristán e Isolda. La ópera en tres actos de Wagner. Que no pasaría nada si no fuera porque esa es su Ópera. Sí, en mayúscula.  Cuenta la historia de los amantes, Soledad y Mario, que el primer día en que consumaron el acto, en casa de Soledad a media tarde, sonaba en su iPod dicha obra que concluyó con el estremecedor canto de Isolda, su Liebestod justo en el momento en que los cuerpos de ambos llegaban a su éxtasis. Así que esa era su Ópera.

Y mira tú por dónde, Mario quería llevar a su mujer a la función justo el día del cumpleaños de Soledad que había comprado dos entradas pensando en que ambos irían juntos, pero tras la ruptura Mariono  quiso saber nada de ello.

Así que qué puede hacer Soledad. Pues alquilar los servicios de un guapo joven en ParaComplacerALamujer.com y llegar al teatro con él para que Mario al verles se muera de envidia.

Adam. 32 años. 1,91, pelo negro, ojos color miel, complexión atlética, habla español, inglés y francés. Sí, el candidato perfecto, cinco horas de compañía, 600 euros.

Todo funciona a las mil maravillas. La función emociona de nuevo a Soledad. Aunque Adam en el segundo acto se queda dormido y Soledad debe darle un codazo para espabilarlo. El joven prostituto ruso, con su chaqueta gris plomo, camisa azul, fina corbata de cuero, buenos mocasines y vaqueros oscuros, se había levantado temprano para ir a su y trabajo. Otro tipo de trabajo. Aunque Soledad cree que estuvo de fiesta la noche anterior a su encuentro. Finalmente la pareja se encuentra con su examante, cruzan sus miradas y justo en ese instante, Adam pasa el brazo por los hombros de Soledad con gesto natural y afectuoso. Soledad percibe un pequeño disgusto en los ojos de su ex mientras repasa a Adam con la mirada. Prueba superada. La mejor inversión para esos 600 euros.

De vuelta hacia su casa, Soledad y Adam pasaron por delante de la tienda de chinos del barrio que tan bien conocían a Soledad. Al pasar por delante justo de la puerta un chillido escalofriante raga la noche. El chino, marido de la china, sale a trompicones de la tienda con un navajazo en el estómago. Tras él, el agresor aún con la navaja en la mano chorreando en sangre sale de la tienda para escapar. Pero Adamsuelta al chino y se lanza literalmente sobre el agresor a  quien consigue tirar al suelo primero, sentarse sobre él después, y mientras con una mano le agarra del cuello con la otra le asesta feroces puñetazos en la sien. Hasta que un policía le detiene. Adam tiene el rostro manchado de sangre, por los puñetazos, la camisa manchada de sangre, por el vómito del chino al salir de la tienda y caer en sus brazos, y los nudillos manchados de sangre de los golpes propinados.

No hay duda, Adam debe subir a casa de Soledad para cambiarse, arreglarse y pasar el susto.

Por supuesto acaban la noche haciendo el amor.

Ahí nace una relación basada en el trabajo de Adam que poco a poco va dejando de lado los cobros para acabar pareciendo el novio de Soledad.

Y aquí es donde entra la petición de la autora. Rosa Montero (Madrid, 1951) no quiere que expliquemos más sobre esa relación, ya que en ella radica la tensión narrativa de la novela. Y es que Adam entra tanto en la vida de Soledad, ésta llega incluso a dejarle las llaves de su propia casa, que se percibe un fatídico final a su historia. Y más cuando entra en plano un tercer vértice del triángulo. Jerusalém es brasileña, de Bahía, y tiene un hijo de tres años, Rubem, y aunque dice trabajar limpiando casas, no tiene ninguna pinta de ello. Es vecina de Adam y por lo que parece algo más.

Ciertamente la enigmática vida de Adam y sus extraños actos para con Soledad cimentan la trama de la novela. Una novela centrada en el paso del tiempo, al miedo a la soledad, qué ironía, pero también al amor, el amor a las personas, pero también a la propia vida, esa vida que se escapa desde el día en que nacemos y que debemos aprovechar en cada uno de sus instantes.

Sí, poco podemos decir de esta novela salvo que su autora la escribió descarnadamente, y que por muy amarga que pueda parecer, una sexagenaria haciendo uso de la compañía de un prostituto para darle celos a su examante, resulta conmovedora y emotiva a partes iguales.

SALVA G.

Título: La carne
Autor: Rosa Montero
Editorial: Alfaguara
Edición: 1ª edición, septiembre 2016
Número de páginas: 236 pp.
I.S.B.N. 978-84-204-2619-8

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