divendres, 29 de maig del 2026

“Roma me atravesó por completo cuando descubrí la historia de Beatrice Cenci” Entrevista a Pablo Álvarez, autor de 'La necesidad de amar' Premio Azorín de Novela 2026

Charlamos con Pablo Álvarez, flamante ganador del Premio Azorín de Novela 2026 por La necesidad de amar

Tu novela parte de una época contemporánea, pero rápidamente nos traslada a los años 80. ¿Por qué decidiste situar la historia en ese momento concreto?

Porque quería escribir una novela desde la entraña. Quería hablar de emociones, de experiencias reales, de cosas que yo mismo había vivido o sentido de cerca. En los años 80 yo tenía prácticamente la misma edad que tiene Martí, el protagonista, y sentía que desde ahí podía darle una voz mucho más auténtica. Creo que cuando uno escribe sobre algo que conoce profundamente, aunque sea desde la memoria emocional, la historia respira de otra manera. Había una verdad ahí que me interesaba mucho más que inventarme un contexto que no hubiera vivido personalmente.

Además, necesitaba cierta distancia respecto al presente. Vivimos en una época donde todo sucede muy rápido, donde estamos constantemente conectados, y me apetecía volver a un momento en el que las relaciones humanas tenían otro ritmo. En los años 80 no existían los móviles, no existía internet, no había redes sociales. La gente se buscaba más, se esperaba más, incluso se perdía más. Y eso, literariamente, también me parecía muy interesante.

Mientras escribía la novela pensaba mucho en cómo vivimos ahora. Los jóvenes de hoy reciben miles de imágenes, información constante, estímulos continuos. Nosotros crecimos con menos ruido y quizá por eso los recuerdos permanecen de una manera más intensa. Había algo muy bonito en esa forma de mirar el mundo con más calma y más capacidad de asombro. Quería recuperar esa sensación.

El protagonista de la novela, Martí Rocamora, inicia un viaje muy particular después de descubrir a Beatrice Cenci. ¿Cómo nace esa parte de la historia?

Nace de una experiencia personal. Yo descubrí la figura de Beatrice Cenci durante un viaje a Roma y fue uno de esos momentos en los que sientes que una historia te atraviesa por completo. Descubrí su tumba en la iglesia de San Pietro in Montorio, donde está enterrada, y me impresionó muchísimo todo lo que había detrás de ella: la tragedia, el mito, la belleza, el dolor, la injusticia. Sentí que ahí había una novela esperando.

En el caso de Martí, él consigue una beca para ir a Roma y pasar un año investigando la historia de Beatrice. Se instala en un monasterio franciscano vinculado a la Academia de España en Roma y, mientras intenta reconstruir la vida de esta mujer del siglo XVI, acaba enfrentándose también a sí mismo.

Porque realmente la novela habla mucho de eso: del descubrimiento personal. Martí llega a Roma siendo un chico todavía muy inocente y durante ese año vive experiencias que lo cambian completamente. Conoce a Tomás y a Viola, descubre el amor, el deseo, la traición, el duelo, el miedo, la pérdida… Yo quería hacer una novela de formación, de esas en las que el protagonista entra en contacto con las grandes emociones humanas y sale transformado.

Roma tiene un papel fundamental en la novela. No es solo un escenario.

Exacto. Roma es casi un personaje más. Yo siempre he sentido una fascinación enorme por esa ciudad porque conviven muchas capas del tiempo al mismo tiempo. Puedes caminar por una calle y sentir que todas las épocas siguen presentes. Y eso me venía muy bien para la historia.

En la novela aparece una Roma decadente, muy distinta a la imagen monumental y turística que solemos tener. Me interesaba especialmente ese contraste entre la Barcelona de finales de los 80, que se estaba preparando para las Olimpiadas y se estaba “maquillando” de cara al mundo, y una Roma más vieja, más melancólica, más desgastada por el tiempo.

También me interesaba establecer un diálogo entre distintas épocas. Está la Roma de los años 80 que vive Martí, pero también la Roma del siglo XVI de Beatrice Cenci. De alguna manera, ambas historias terminan reflejándose entre sí. Las emociones humanas cambian menos de lo que creemos, aunque pasen los siglos.

Hay un trabajo muy delicado en la construcción de la relación entre Martí, Viola y Tomás. ¿Te costó encontrar el equilibrio entre los tres personajes?

Muchísimo. Probablemente fue una de las partes más difíciles de escribir porque quería que todo resultara muy natural y muy humano. No me interesaba escribir una historia basada únicamente en el deseo o la provocación. Lo que quería era hablar del amor en todas sus formas.

Martí admira profundamente a Tomás, no solo intelectualmente, sino también como figura humana. Tomás le abre una puerta al arte, al pensamiento, a la manera de mirar el mundo. Viola, en cambio, representa la valentía, la libertad, la intensidad vital. Y ellos dos, a su vez, ven en Martí una inocencia y unas ganas de descubrir la vida que les conmueve profundamente.

Me interesaba construir una especie de equilibrio emocional entre los tres. Hay admiración mutua, hay necesidad afectiva, hay pasión, pero sobre todo hay amor. Y eso era importante para mí.

Además, de alguna manera, la novela dialoga también con esas relaciones entre maestros y discípulos de la Antigua Grecia y la Antigua Roma, donde el aprendizaje emocional y vital iba mucho más allá de lo académico.

Curiosamente, muchos lectores me dicen que al principio les sorprende la idea del trío, pero que después dejan de pensar en si son dos o tres personas y simplemente quieren que sean felices juntos. Y creo que eso significa que la novela funciona desde un lugar emocional verdadero.

Otro de los temas importantes de la novela es el sida y el miedo que marcó a toda una generación.

Sí, era un tema que necesitaba abordar porque forma parte de la memoria emocional de aquellos años. Yo tenía la edad de Martí cuando empezó toda aquella crisis y recuerdo perfectamente el miedo que existía.

Un vecino mío enfermó de sida y terminó muriendo. Aquello me impactó muchísimo. De repente, el sexo, el deseo y el amor aparecían ligados al miedo y a la muerte. Fue algo muy duro para toda una generación y creo que, con el tiempo, quizá hemos olvidado un poco lo brutal que fue aquel momento.

Me interesaba incorporarlo a la novela porque forma parte de la experiencia vital del protagonista, pero también porque creo que puede servir para conectar con lectores jóvenes que quizá perciben el sida como algo lejano o perteneciente al pasado.

Es verdad que hoy los tratamientos han avanzado muchísimo y ya no se vive como entonces, pero también es cierto que las enfermedades de transmisión sexual están aumentando entre los jóvenes. No quería dar lecciones, pero sí me parecía importante recuperar esa memoria.

La Academia de España en Roma también aparece retratada con mucho detalle. ¿Sigue siendo como la describes en la novela?

Sí, totalmente. Sigue siendo un lugar extraordinario. Está situada en el Monte Gianicolo, muy cerca del Trastevere, y tiene algo mágico. Es un antiguo monasterio franciscano convertido en residencia para artistas e investigadores, y allí se respira una energía maravillosa.

Lo que más me impresionó siempre fue esa mezcla de juventud, talento y hambre de conocimiento. Hay jóvenes artistas llegados de todas partes, con ganas de aprender, de crear, de absorber el mundo. Y eso genera una atmósfera muy especial.

Para mí fue una inspiración enorme y tenía claro que quería trasladar esa sensación a la novela. Porque al final La necesidad de amar también habla del arte como una forma de salvarnos, de entendernos y de conectar con los demás.

¿Cómo viviste el momento en el que anunciaron que habías ganado el Premio Azorín de Novela?

Fue muy emocionante y muy inesperado. Yo he trabajado muchos años dentro del mundo editorial y he estado en “el otro lado”, así que vivirlo ahora como autor ha sido muy impactante.

Sientes una mezcla rara de alegría, incredulidad y agradecimiento. Sobre todo agradecimiento, porque sabes la cantidad de novelas que se presentan y lo difícil que es destacar entre tantas obras.

Además, todo ha ocurrido muy rápido. Terminé la novela, llegó el premio, empezó inmediatamente la promoción… y todavía estoy intentando asimilarlo todo. Ni siquiera he recibido aún demasiado feedback de lectores porque mucha gente, incluida mi familia, todavía está leyendo el libro.

Para terminar, ¿te imaginas a Martí viviendo en el mundo actual, en pleno 2026?

Sí, sí me lo imagino. Evidentemente la vida le habría cambiado muchísimo y habría acumulado experiencias, heridas y contradicciones como cualquiera de nosotros. Pero creo que seguiría siendo fiel a sí mismo.

Seguiría escribiendo, seguiría observando el mundo con curiosidad y seguiría buscando el amor, que al final es lo que mueve toda la novela.

Xavier Borrell


La necesidad de amar
Pablo Álvarez
Editorial Planeta
ISBN: 9788408322665
Idioma: Castellano
Número de páginas: 432
Año de edición: 2026
Colección: Autores Españoles e Iberoamericanos



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