dilluns, 17 de desembre de 2018

'La canción de los vivos y los muertos' - Jesmyn Ward


Jojo, un niño de trece años, y su hermana menor Kayla viven con sus abuelos negros en una granja en la costa del Golfo de Misisipi, con la compañía siempre esporádica de su madre, Leonie, una mujer que desearía ser mejor madre de lo que es. Cuando el padre de ambos, un hombre blanco, va a salir de prisión, Leonie insiste en ir a recogerlo con los niños. Durante el agobiante viaje de ida y vuelta, Jojo, Kayla y Leonie deberán aprender a relacionarse como familia y descubrirán aspectos de sus vidas para los que ninguno de ellos estaba preparado.

No me voy a andar con rodeos. La sinopsis de la novela, por mucho que suene interesante, no hace justicia al magnífico libro, maravillosamente crudo y desolador, con el que Jesmyn Ward se hizo con el National Book Award 2017. La primera mujer que logra este galardón por segunda vez. Si sigue así, lo hará muchas más.

Desde el impactante comienzo, descrito con una habilidad al alcance de pocos, en el que Jojo asiste como parte activa a un acontecimiento que no por cotidiano deja de ser tremendamente violento y sobrecogedor, el lector se da cuenta de que no se halla ante una novela fácil. Y cuando digo que no es fácil, no estoy diciendo que esté mal escrita o sea farragosa o lenta, ni mucho menos. Me refiero a que es una novela para la que hay que estar dispuesto a apretar el estómago, tragar quina y abrir la mente. Solo de este modo disfrutaremos como se merece de esta historia que habla sobre la vida y la muerte, sobre los vivos y los muertos; sobre familia, racismo, pobreza. Sobre felicidad o, mejor dicho, sobre la falta de ella. Sobre todas esas cosas que las películas de Hollywood normalmente no muestran. Sobre el Sur profundo, ese Sur en el que las desigualdades sociales alcanzan niveles que en muy pocos sitios se dan. Si estamos dispuestos a ello, me atrevo a asegurar que disfrutaremos de una de las mejores novelas escritas en los últimos tiempos.

El asfixiante viaje en coche que ocupa la mayor parte de la extensión de la novela se convierte en una metáfora de la pérdida de la inocencia de Jojo, de su paso forzado de la infancia, desgraciada y que ningún niño merece, pero infancia al fin y al cabo, a una madurez prematura no menos dura y desoladora. En ese viaje, Jojo descubre incómodas verdades acerca de su familia, así como de la sociedad injusta y brutal en la que viven. Pero no solo él. Su madre Leonie, que descuida los más elementales cuidados para sus hijos y parece incapaz de sentir la menor empatía hacia ellos, comprenderá de forma cruel cuáles son sus verdaderos sentimientos. Fuera de ese coche sucio y destartalado y de la carretera polvorienta, calurosa y hostil, el resto de la historia transcurre a caballo entre la granja pobre y envejecida de los abuelos maternos de Jojo y varios flashbacks que nos sitúan en la cárcel de Parchman, cuya traducción sería “hombre sediento”, en la que el abuelo de los niños, al igual que el padre ahora, cumplió unos años de condena cuando era joven. Escenarios todos claustrofóbicos, desesperanzados, que la autora describe con un estilo próximo al realismo sucio, a Cormac MacCarthy, a Henry James, a Faulkner. Quizás un escalón por debajo de Bukowsky. Ward utiliza para el narrador la primera persona, aunque esta no es siempre la misma. Los capítulos se reparten alternativamente entre Jojo y Leonie, de modo que el lector ve los acontecimientos desde sus diferentes perspectivas. Solo al final aparece un tercer narrador, Richie, un joven negro del que no diré mucho más para no reventar parte de la historia, que aporta un nuevo punto de vista complementario del de los otros protagonistas. Solo revelaré un dato de Richie: está muerto. Y es que Jojo, al igual que varios de los miembros de su familia, puede ver a los muertos, hablar con ellos. Se materializan ante él de forma casi corpórea y dan sentido al título de la novela, un rotundo “Sing, Unburied, Sing” de difícil traducción al español, adaptado con acierto a este “La canción de los vivos y los muertos”. En este sentido quiero señalar algo que muchas veces no tenemos en cuenta y suele tener gran importancia, y es que, a falta de leer el texto en inglés, la traducción de Francisco González se percibe como magnífica, lo que sin duda ayuda a lograr la impresión excelente que deja la novela.

Próximo ya el fin de este 2018, me atrevo a decir que es la mejor novela que he tenido el placer de disfrutar este año. Y he leído algunas muy buenas. No duden y regálensela. Para el árbol o para Reyes. Mejor aún, para ya mismo, ¿por qué esperar? No les defraudará. Y les ayudará a pasar la sobredosis de azúcar de las Navidades.

Alberto Pasamontes

La canción de los vivos y los muertos
Jesmyn Ward
Sexto piso
2018
260 págs.
ISBN: 9788416677917

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