dijous, 10 de gener de 2019

Naturaleza hostil - Arnaldur Indridasson


El detective Erlendur Sveinsson, de la policía de Reikiavik, está de vacaciones en la zona donde pasó parte de su niñez en una pequeña población de los fiordos. Como casi todo el mundo, guarda buenos y malos recuerdos de aquella etapa, aunque entre los malos hay uno especial, uno que no es fácil dejar atrás. La desaparición de su hermano pequeño, al que Erlendur perdió de la mano durante una tormenta. No es la única desaparición que se dio en aquella zona, pues durante la II Guerra Mundial se produjo la de Matthildur, la esposa de un pescador del pueblo, también durante una tormenta en la que, además, murieron varios miembros de una expedición del ejército británico.

No se asusten, a pesar de que pueda parecerlo por lo que he escrito en el párrafo anterior, esta no es la enésima novela sobre un psicópata que se dedica a secuestrar y torturar a sus vecinos.
Lo que aquí ocurre es que el bueno de Erlendur, a quien ya muchos conocerán pues esta es la decimoprimera novela de la serie, no puede dejar de investigar ni estando de vacaciones. Algo extraño pasa con esta serie, pues el desbarajuste que hay con ella en su traducción al castellano es digno de investigación por parte del propio Erlendur. De hecho, si no me equivoco, los primeros títulos no están aún traducidos, y esta Naturaleza hostil que ha aparecido en 2018 por estas latitudes fue escrita en 2010.

Pero volvamos al asunto que nos interesa. La novela en sí.

Como decía, Erlendur vuelve al pueblo donde pasó su niñez. En lugar de ir a un hotel, decide alojarse en la casa donde vivió con sus padres y su hermano Beggi. Algo bastante normal, si no fuese porque la casa está en ruinas. Duerme en un saco de dormir en una habitación en la que una pared medio derruida le protege del viento –a pesar de no ser invierno, el relente por las noches debe ser considerable en Islandia-, compra comida preparada en el pueblo y se alumbra y calienta con una lámpara de gas. Como vacaciones la verdad es que parecen poco apetecibles, pero ese es el modo que el inspector decide afrontar ese recuerdo que le tortura de forma recurrente. Para cerrar página deberá encontrar los restos de su hermano, si es que murió durante la tormenta, algo que parece seguro. Y para ello deberá investigar. Como una cosa lleva a la otra, se topará también con la desaparición en parecidas circunstancias de Matthildur. Y claro, curioso como es nuestro detective –el oficio lleva a ello-, se meterá también a averiguar qué fue lo que le pasó a la mujer. Que no quieres arroz, pues toma dos tazas.

Erlendur Sveinsson es el protagonista absoluto de la novela e Indridasson nos lo deja claro haciendo que acompañemos al detective durante sus indagaciones en todo momento. Así, seremos testigos de excepción de los altibajos por los que pasa, de sus emociones, sus sentimientos. Pero también de las reacciones de los implicados en las desapariciones, de modo que podemos observar cada una de ellas y ser conscientes de las diferentes formas en que cada persona afronta la tragedia. De este modo, el aspecto humano se revela más importante que la propia investigación criminal. Este es, quizá, el aspecto más destacable de la historia, pues la realidad es que la novela no aporta nada que no hayamos visto antes en el noir nórdico. Islandés, en este caso. Mal tiempo, nieve, mar embravecido, aterradoras tormentas, más nieve, ambientes opresivos, testigos con pocas ganas de hablar… Nadie puede sentirse engañado. Cuando uno se mete con una novela escrita alrededor del paralelo 60 –e Islandia está bastante más arriba-, ya sabe lo que se va a encontrar. El tiempo transcurrido hace que no existan pruebas de lo que ocurrió realmente, de modo que la investigación de Erlendur se basa en ir de un lado para otro en función de lo que le cuentan los testigos, casi todos ya de edad avanzada; esos testigos que, decía, en ocasiones tienen muy pocas ganas de hablar y menos aún de recordar.

Aunque este aspecto de la trama interesará a muchos lectores, también puede echar para atrás a otros. Sería un error, porque Indridasson lo maneja con soltura. Los únicos momentos en que nos despegamos de Erlendur son flashbacks en los que asistimos a los acontecimientos antiguos como si estuviesen ocurriendo en este momento, en una acertada decisión que hace que el lector no perciba en ningún momento esa sensación tan poco agradable de que le están contando la película. El ritmo ágil y una extensión adecuada en la que no sobra ni falta nada hacen que cualquier aficionado al género, más aún si lo es a los autores más septentrionales, disfruten de Naturaleza hostil.

Alberto Pasamontes

Naturaleza hostil
Arnaldur Indridasson
RBA
2018
Número de páginas: 304
ISBN: 97884905691108
Traductor: Fabio Teixidó Benedí


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