dissabte, 23 de juliol de 2011

Entrevista a Claudia Bürk autora de 'Las nueve ventanas de Jeanne Bardèot'



Con su primera novela de ficción Claudia Bürk juega con soltura ha contarnos una historia sobre una mujer maltratada que tiene una divina misión, en la que los sentimientos afloran entre misticismo, sensualidad y enigmas fascinantes, con un desenlace soberbio.

¿Por qué nueve ventanas y no cualquier otro número?

Sencillamente y en primer lugar  porque es un número de “ventanas” que han existido realmente en mi entorno laboral. Fueron nueve monitores de seguridad que me rodearon al igual que existen  en el ámbito laboral de Jeanne. He querido dejar alunas cosas íntegramente reales, fue mi particular “juego” con las palabras. Eso sí, el lector anónimo no sabrá qué y qué no lo es. Algunas personas cercanas a mí sí.  Hay también en las descripciones  mucha sutileza y una gran proporción de simbolismo, así como contenido cifrado, que no por ello influye en la fluidez e intriga al leer. Se puede pasar completamente de todo ello, no fijarse en los detalles y entretenerse perfectamente con la lectura.  Hay metáfora muy elaborada en el libro, pero si no te percatas de ella, no porque esté, te pierdes nada de lo que pretendo transmitir. También escogí el número nueve porque representa muchas cosas filosóficas que considero importantes. Simboliza la serpiente mordiéndose la cola, símbolo alquímico denominado “Uroboros”, que en las prácticas alquimias, expresa la unidad de todas las cosas, las materiales y las espirituales, que nunca desaparecen sino que cambian de forma en un ciclo eterno de destrucción y nueva creación, al igual que representa la infinitud. Tiene que ver con la «fabricación del oro», el sentido real y oculto de esa práctica. Recordemos también los nueve círculos del infierno de Dante. Nada de lo que escriba o elija al escribir, ya sea el título de algo o contenido lo dejo al azar. Mi padre siempre me decía que yo siempre albergaba segundas intenciones en todo y tenía razón. ¿Qué tiene que ver entonces el número nueve con la novela? Muchísimo. Pues la protagonista de la misma, Jeanne, aprende a “fabricar oro” con las malas experiencias, renace renovada. Asocio el número nueve al Uroboros y éste, a la inmortalidad. También ella pasa literalmente por los nueve círculos de infierno narrados por Dante Alighieri en “La Divina Comedia”, mi obra favorita por excelencia.
Todo esto se ve más  claro al finalizar el libro.

¿Qué hace una vigilante de seguridad ejerciendo de escritora?

O quizás, ¿qué hace una persona multiinteresada por diversas cosas  de vigilante de seguridad? Bueno, en realidad ya hace tiempo que la categoría que describe lo que desempeño ha variado. Pero básicamente y después de estar muchos años con “el peligro” continúo haciendo lo que hacía.
He sido muchas cosas en el ámbito laboral. Pero ahora estoy bien. Si la literatura me diera de comer, tampoco dejaría ese trabajo, ya que me gusta. Me permite llevar “disfraz” (uniforme) y lo más importante: me hace ser una servidora y servir a los otros es lo que más me llena. Creo que nací para estar al servicio de los otros. La humildad forma parte de mi código ético particular, que procuro llevar a cuestas. Pienso que tan sólo desde una actitud de humildad y servicio puedes conocer a los otros y estos a su vez se te darán a conocer. Fíjate que casi nunca cuento a nadie en mi ámbito laboral que escribo cosas. Y escribir sólo es una parte de mis ocupaciones, porque también lo es la ciencia, o la mística. Antes era más abierta, ahora procuro que sólo vean a la profesional. Si te muestras como alma cándida, a menudo recibes patadas. A los hombres no les gusta que nadie les señale lo transcendental. Se cabrean ante lo esencial, prefieren la política, salsa rosa o el fútbol. Eso ya lo he aprendido. Evolucionas a ser discreta. A menudo los hombres arrinconan a los espíritus puros.                   Cuando trabajo soy esa otra persona y ahora al contestarte a esta entrevista, Claudia la novelista. Siempre señalo que albergo a  muchas cosas y almas en mi cuerpo. Imagino que no soy la única. Pero resumiendo; me  siento muy a gusto con una vida anodina. Para ser feliz, menos es más. Comprobado. Y no sólo me refiero a tener sino a SER. Vivimos en una sociedad enferma de “titulitos”. Nos han pegado el “Yeswecanismo” americano. Hay que “ser” y “ser capaz”. Te tienes que superar, demostrar tus virtudes y capacidades. Tienes que competir y quedar por encima de la media. ¡Al diablo con todo eso! Hacemos demasiadas cosas para quedar bien ante los demás, pero nos condenamos a ser infelices con esa actitud. Seamos felices siendo al 100% nosotros mismos. Sin más dilación. Con lo bueno y lo que a otros le parezca menos bueno de nosotros. Lo único importante es aprender de la vida a ser capaces de ser felices y amar. El resto es insignificante. También te puedo decir que he comprobado por mí misma que se consigue más felicidad de la vida y de los otros, fingiéndote ignorante o insignificante. Hay que darles  la sensación a quienes  tienes delante que están en mejor posición que tu mismo/a. Y te tratarán de la mejor manera. Haz la prueba, verás lo que te cuento.

¿Le costó dominar el castellano teniendo en cuenta que no es su lengua natal?

Goehte decía que quién no conoce a las lenguas extranjeras, ignora la suya propia. Yo opino que es más bien al revés, si consigues dominar tu propio lenguaje, es decir, darte a conocer en todo momento cómo eres, sin importarte ni avergonzarte de cuanto y cómo eres, acabas por conocerte y hablar siempre “un mismo idioma” sea en inglés o alemán. El lenguaje del alma profunda y sincera, el de la mirada, de los gestos espontáneos, está por encima de cualquier lengua. He aprendido idiomas porque no forcé el aprendizaje, si no sabía expresarme, me ayudaban los gestos, si desconocía un sinónimo, me ayudaba el sincero interés por consultar los diccionarios. Nunca afané “saber,  solo fue un “divertirme con las palabras”. Y creo que este ha sido mi secreto también al aprender y perfeccionar el castellano. Vivía aquí y quería expresarme y me empeñé. Un día me dije “Escribe” y lo hice. Nunca con afán de superación, siempre como diversión, desahogo o para transmitir. El secreto de todo es hacerlo con alegría, con ganas y optimismo. Si eres una persona curiosa por la vida, aprendes. Si por el contrario, te fuerzas a todo y te comparas con los demás, fracasas. Las cosas no dependen de lo que hay fuera de ti, solo dependen, en primera y también última instancia,  de ti mismo/a.

¿Cree en la existencia de los ángeles?

La creencia en los ángeles y en los demonios no es actual ni ha sido considerada siempre, así se desprende de lo que concluyen los estudios realizados buscando su por qué y razón, y es algo en lo que también yo me he ocupado. Definitivamente creo en fuerzas benignas y malignas y sería amplio razonarte mis razones de creencia en estas criaturas. Hubo algunas participaciones en programas de radio en los cuales sí lo hice. Pero voy a hacerte un resumen: escrituras muy antiguas ya nos hablan de ellos. Según cómo puedes deducir de ellas que se trata de seres físicos venidos de fuera y que interactuaron con y entre nosotros. Está claro que el ser humano, tan dual, tan incapaz para conocerse a sí mismo y administrar sus bienes tanto internos como externos, necesita de “ayuda”. El ser angélico, así pienso, pudiera ser a la forma como la conciencia humana lo es a la materia. Mi particular pretensión en mis trabajos como novelista es y será exponer que al hombre le corresponde la consciencia de  la diversidad y “los otros moradores de realidades”, la de la unicidad.  La tendencia del hombre hacia lo espiritual lo lleva en la dirección de los ángeles, mientras que el mundo angélico tiende hacia la diversidad material y su destino es encontrarse con el hombre.  El universo, pienso, es similar a un abanico. Distintas láminas forman uno solo, interpuestos e intercalados entre sí. Existen delante de nuestras narices mundos que no tocamos ni vemos porque giran a una mayor velocidad de la luz y su vórtice no es percibible en nuestra realidad, pero eso no anula su existencia. Existen muchas consciencias que ignoramos porque no las comprendemos a priori. Sólo estando muy atentos a lo esencial, podremos “ver”. Lo que ocurre, que como dije antes, el ser humano prefiere entretenerse a  detenerse. Es mejor el fútbol o Tele5 que estar atentos a los detalles o a lo subliminal. Por alguna razón al hombre le asusta y cabrea la búsqueda de la verdad. Pero lo que no controlamos ni entendemos siempre lo apartamos y nos da miedo. Quién quiera percibir a los ángeles, lo hará. Lo afirmo.

¿Es Jeanne Bardèot una mujer venida a cumplir una misión y por eso debe sufrir?

Así es. Vemos al sufrimiento como algo negativo, que hay que evitar a toda costa. Y es cierto; pues el destino del hombre es siempre la felicidad, pase por dónde pase. Ocurre que en la trama de mi novela, Jeanne le da su particular respuesta a su enorme sufrimiento. Le da sentido al dolor. Eso le da toda la fuerza necesaria para seguir adelante. Muta plomo en oro, miseria en gloria. Mucha gente desesperada puede aprender de Jeanne. La imaginación, en un principio, la eleva sobre el caos. Lo que ignoramos es que somos lo que pensamos que somos  y que lo que pensamos nos llega de fuera. Si tienes fe, la fe cobrará vida. Lo que imaginas es tan real como lo que vives. Lo que pudiera ser una existencia desgraciada debido a los acontecimientos ajenos a tu voluntad, puede convertirte en estrella brillante de la vida, porque todo está en ti mismo/a. Todo en ti. No sé si conoces las aventuras del barón de Münchhausen. En el siglo XIX las aventuras de este peculiar barón era reconocido como un libro de gran popularidad en Alemania. Mi padre siempre me lo ponía de ejemplo. Y me acordé de él al crear a Jeanne Bardèot. El caballero Münchhausen cae con su caballo a un pantano. La lógica demanda una sucesión de hechos ineludibles. Caída. Hundimiento. Desaparición bajo la sucia agua espesa. Pero el jinete en cuestión posee múltiples recursos, cuyos límites no son lo posible. El Barón Münchhausen entonces tira de su coleta para arriba. Y sale del pantano junto con su caballo. El obstáculo ha sido vencido. Y la cabalgata continúa... ¿Mentiroso? ¿Fantasioso? No lo vi así nunca. Para mi padre era un héroe. Yo más bien veo en la historieta la capacidad que tiene la propia imaginación para sobreponerse a los obstáculos y vencerlos.

¿Se siente a gusto dentro de la iglesia católica? ¿Comparte todos sus principios?

Me he sentido y me siento a gusto con muchos de sus integrantes. He estado muy ligada a la iglesia católica en mi pasado. Tengo muchos amigos sacerdotes. Y son las personas y sus buenas obras las que me importan dentro de la iglesia. La madre Teresa de Calcuta fue mi ídolo de adolescente. Sin embargo, no comparto fanatismos. No comparto intolerancias. No me siento cómoda con quienes asienten cátedra con todo, bien sean miembros de la iglesia, judíos o musulmanes. El ser humano necesita creer y hace bien al creer. Pero todo fanatismo es negativo. La palabra “religión” fue malinterpretada, transgredida y profanada. La palabra en sí misma lo dice: “re-ligión” es “re-ligar”, reenganchar al ser humano con sus raíces divinas. Hemos empleado a las religiones para justificar guerras y otras barbaridades (aunque todos sabemos que en realidad fueron siempre motivos económicos). Se han cometido atrocidades en nombre de Dios y no sólo fue obra de la iglesia católica, todos lo sabemos. Hay muchos capullos (con perdón de la palabra) dentro de la iglesia católica, pero también los tenemos cada día dirigiendo nuestra vida, estipulando nuestras normas, dictando nuestra nómina y racionando nuestros conocimientos y nuestro pan y nadie hace nada. Parece que se ha puesto de moda acometer contra la iglesia católica. Ahora que ya no pinchan ni cortan, son objetivo fácil de nuestra saña. Es de imbéciles atentar contra un colectivo. Son los integrantes, uno por uno quienes hacen el colectivo. Por culpa de una manzana podrida a veces se echa a perder toda la cesta de manzanas. Seamos inteligentes, por Dios. ¡Vayamos a por la manzana podrida! Hay pequeñas cosas que no comparto con las ideas de la iglesia, pero tampoco soy quién para probar su posible error. Lo que está pasando hoy en día es que proliferan las sectas, el New Age y vamos por libre. Todo eso tiene menos fundamento que todas las demás creencias y crea una confusión y caotismo terribles. Prefiero, desde luego, ir a misa a que me echen las cartas del tarot. No me interesa saber qué me pasará mañana. Si tengo fe en mí y en la divina providencia, sea cómo sea, no tendré miedo al destino. Quién tiene fe, se agarra a una fuerza brutal. He comprobado que la creencia en un ser superior, Dios, tiene muchos más beneficios que ser atea, así que elijo creer. Además siempre, siempre he obtenido respuesta al orar y con mis peticiones. Jamás me han fallado “los de arriba”.Resumiendo: como hemos visto en la película “Camino”, el fanatismo es un mal asunto. Pero la fe, la verdadera fe es libre, se elige en libertad. Dios no creo que quiera vernos forzados a creer, nos quiere libres para aceptarle de buen grado.

En caso de que existan los ángeles ¿Cual es su misión en la tierra?

Creo que yo no soy nadie para contestar a eso. Pero habiendo leído alunas cosillas acerca de ellos, como por ejemplo el libro de Enhoc, la Biblia, las viejas escrituras sumerias etc. Etc. Puedes sacar alguna información acerca de “ellos”. Casi todas las escrituras nos hablan acerca de sus naturalezas como entes intermediarios entre lo divino y lo humano. También como reconductores al paraíso perdido. Nos llevan de vuelta al padre. Pienso que ellos creen en las personas, más que las personas creen en ellos mismas. Ya te lo dije en una pregunta anterior: la tendencia del hombre hacia lo espiritual lo lleva en la dirección de los ángeles, mientras que el mundo angélico tiende hacia la diversidad material y su destino es encontrarse con el hombre.  Los unos se necesitan a los otros, como esta realidad necesita a las otras que coexisten paralelamente. También pienso que a veces están entre nosotros tomando formas humanas. ¿No te ha ocurrido nunca que aquel mendigo al que le has donado  una moneda desaparece en un segundo ante ti al distraer tu mirada? ¿Nunca te han socorrido en situaciones que no esperabas esa oportunidad o ayuda? Cuando observes a alguien que toma formas humildes o dependientes, como lo pudiera ser un mendigo, un aparente alcohólico o drogadicto, alguien no agraciado, defectuoso o necesitado, sospecha: puede ser uno de ellos. Están por cualquier parte, cualquier momento, situación o lugar. Pero pienso que les gusta especialmente tomar esas formas humanas menos agraciadas para así  poner a prueba nuestro amor al prójimo, que lamentablemente pierde consonancia en los tiempos actuales, dónde nos inculcan la individualidad y ya no hay valores importantes y el amor puro a los semejantes es sinónimo  de debilidad.

¿El personaje del escritor consagrado y maltratador tiene inspiración en un personaje real?

Conteste con lo que conteste a esta pregunta, me va a comprometer. Me queda la posibilidad de rodear o evadir esta pregunta. Lo hago a menudo, para no verme obligada a mentir. Procuro no  mentir. Pero voy a serte franca y directa: la tiene. Ese personaje novelesco es  alguien que existió y existe. Pese a todo el daño que me ocasionó, aprendí de él. Se puede aprender hasta del diablo. De hecho creo que dios lo deja libre para que podamos distinguir entre el bien y el mal, aprender desde el Mal, el Bien. No me cabe otra explicación. Casi acabó conmigo. Hay muchísimo de real en todo eso, respecto a la novela. Sólo que la realidad superó la ficción. Literalmente me mató en vida y he vuelto a nacer, renovada y más fuerte, con secuelas, pero lista para vivir con más tesón.

¿Qué opina de las coincidencias de su novela con otra superventas sobre ángeles?

Carl Gustav Jung nos hablaba del consciente colectivo. Ahora los físicos cuánticos también pueden probar esto, sabiendo que existen partículas gemelas de las de aquí en otro punto del universo. Cuando nace una idea, nace porque ha llegado el momento que debe ver la luz. Ocurrió con muchos inventos. Acordémonos qué ocurrió con la invención de la bombilla: Edisson no tuvo idea de que tan sólo cincuenta años atrás ya se le había ocurrido a alguien patentarla. A menudo alguien inventa o escribe sobre algo que otra persona hace a su vez, sin conexiones entre sí. Esto ocurre. Ahora vemos libros angélicos por todas partes, han sustituido a los vampiros. El ser humano los reclama. Son tiempos, tras tantos desencantos humanos, de volver a la inocencia. Reclamamos los ángeles de vuelta.
También me “mosqueé” un poco cuando vi que un amigo escritor, (muy consagrado) empeló para su novela las ideas de una novela/borrador  que inicié en 2006 paralelamente a la que escribí ahora. Pero yo misma le dije entonces “Hazla tuya, si quieres, que lo harás mejor que yo”. Lo que me molestó fue que me dijo que no lo haría. Pero mi sorpresa fue brutal al ver que sí empleó esa idea base para su propia novela. Ahora mismo estoy, sin embargo, muy orgullosa de eso. Nadie mejor que él para escribir algo tan bueno. No podía haber sido de otra manera. Todo ocurre como debe ocurrir. Nada pasa por azar. Y no sirve lamentarse o enfadarse, todo lo contrario. Además no hay color, no rivalizo con nadie. Y yo no le  llego ni a la suela de los zapatos a ese escritor. 

Xavier Borrell

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