divendres, 29 de juliol de 2011

El Jinete del Silencio - Gonzalo Giner

El Jinete del Silencio
Gonzalo Giner
Editorial: Temas de Hoy
Páginas: 717 
ISBN 9788484609902
Año 2011

Esta es una novela confortable. Y eso no es necesariamente un demérito, sino en ciertas ocasiones, como la que nos ocupa, todo lo contrario, y me explico:
Gonzalo Giner, veterinario de profesión, alcanzó una más que notable aceptación entre los lectores con su anterior novela El Sanador de Caballos, y en esta ocasión repite fórmula con El Jinete del Silencio. Una novela confortable es aquella que nos lleva por lugares que ya hemos recorrido anteriormente de la mano del autor; sabemos lo que esperamos, cuál es el destino y nos abandonamos confiados al disfrute del camino. Gonzalo Giner no defrauda esa plácida expectativa que desde las primeras páginas ya intuimos.
La novela, dividida en seis partes que él llama escenas a modo de una obra de teatro de Lope de Vega, arranca en el valle del Guadalquivir en 1522 y se cierra en la corte del virrey de Nápoles en 1550. Durante 28 años asistimos a la génesis, tormento, evolución y penurias de un niño, Yago, (con síndrome autista, tal y como el escritor nos aclara en el epílogo) que alcanzará la madurez personal, la redención y el triunfo gracias a un don  fascinante: conoce el alma de los caballos.
De prosa rápida y amena, este hilo argumental es clásico: planteamiento, nudo y desenlace, y se alimenta de sub tramas en las que un elenco de personajes de época van apareciendo e influyendo en sentido positivo o negativo en el destino de Yago. Algunos, como el psicópata Blasco, o el propio Yago, son de una complejidad notable; otros, la mayoría, sirven sencillamente como personajes creados al hilo de las necesidades argumentales, sin demasiada credibilidad ni profundidad.
En mi opinión, esta novela tiene dos pilares magníficos:
El primero es la recreación histórica de la mayor etapa de esplendor de los reinos de España bajo la égida de Carlos V. Está perfectamente documentada, es atractiva y cambia acertadamente de escenarios: Jerez, Sevilla, Jamaica, Argel, Génova y Nápoles con sus leyes comerciales, el estraperlo de Julián de la Espina, la Institución de la Saca o el Comercio de Indias con Fabián o la Cartuja con el monje Camilo.
La segunda gran cualidad de esta novela radica, sin duda, en los caballos. Ellos son los verdaderos protagonistas, y es cuando de ellos se habla cuando el autor deja ir un torrente de emociones bellísimas, imágenes de una gran plasticidad y sentimientos que no alcanzan ese mismo grado de intensidad cuando los protagonistas son los personajes.
Es en los caballos donde el lector se contagia sinceramente de esas emociones. Se nota que Gonzalo Giner, nuestro autor, disfruta.  En cambio cuando pretende provocar esas mismas emociones a través de los personajes, en la mayoría de envites resulta artificioso y poco creíble. La escena final es un ejemplo de ello.
Un último apunte: a veces un pasaje justifica la existencia de un libro entero. En El Jinete del Silencio existe. El  breve encuentro que se da entre Miguel Ángel Buonarroti y Yago mediada la quinta parte, es sencillamente fabuloso. Quizá merezca la pena  leerlo aunque sea para llegar a ese momento sublime.
En definitiva una novela que nos ofrece lo que esperamos de ella, y acaso, un poco más.

Víctor del Arbol.

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