divendres, 2 de setembre de 2016

'Viento mortal' - Cay Rademacher


Cay Rademacher (Flensburg, Alemania, 1965) es un caso atípico de escritor. En realidad él mismo asegura que se siente más periodista que escritor al uso, pero nadie discute que sus libros se venden más que sus artículos.

Tras la edición en nuestro país de El asesino entre los escombros (Maeva, 2013), todo un éxito comercial y el inicio de una trilogía ambientada en la Alemania de postguerra, concretamente en Hamburgo entre invierno de 1946 a principios de 1948, con el inspector jefe Frank Stave a la cabeza como protagonista, y aun esperando la edición de las dos siguientes partes (El traficante y El falsificador) nos llega la nueva obra de Rademacher, Viento mortal, casualmente la primera entrega de una nueva trilogía (Camarga mortal y La quema de Midi son las dos restantes), que esta vez sí, esperemos que acaben viendo la luz.

Y es que este Viento mortal nos ha vuelto a sorprender.

Primero: nos presenta un nuevo género, el slow-crime, género de moda especialmente en televisión con series de la talla de The killing, How to get away with murder y la exitosa True detective; género en donde la resolución del crimen no se resuelve en cada uno de sus capítulos, si no que lo hace al final de la temporada. En cuestión literaria este género tiene como característica principal su ritmo, lento y pausado y la atención a cada detalle, con más personajes involucrados y mucho más trasfondo. Este género quiere demostrar que los hechos, en este caso el asesinato, causa un efecto en la sociedad que le rodea que le afecta más.

Segundo: si en su primera trilogía el protagonista era Frank Stave, en esta segunda trilogía el protagonismo recae en el capitán de policía Roger Blanc.

Y tercero: Rademacher escribió su primera trilogía viviendo en Hamburgo, e hizo que transcurriera la acción en esa misma ciudad, ahora, en Viento mortal y sus siguientes partes, Rademacher hace transcurrir la trama en la Provenza francesa, casualmente donde vive desde 2013 con su familia. Ergo: Cay sabe de qué habla cuando escribe sobre ello. Vale, lo sé, no se me escapa, El asesino entre los escombros y su continuación estaban ambientadas en 1946/1948, exactamente dieciocho años antes de que naciera, pero maldita sea, tampoco se me escapa, soy así de perspicaz, veo una colilla y me digo: aquí alguien ha fumado, que Rademacher no solo estudió Historia y filosofía, sino que además es redactor e investigador en las revistas GEO y GEO Historia.

Roger Blanc es capitán de policía en París. Está casado y tiene dos hijos con los que conecta a través de su página de Facebook. Se la creó exclusivamente para ese menester.

O al menos hasta ahora era así.

Su mujer le ha dejado. En la comisaria lo han trasladado a una ciudad de provincias en la Provenza francesa, dado que molestaba demasiado con sus investigaciones sobre corrupción en París. Y hace meses que no sabe nada de sus hijos. Cuando llega se instala en un viejo molino de aceite que había heredado de su tío y lo tenía olvidado desde el mismo día que pasó a sus manos tras la muerte del tío. Pese a la tranquilidad del pueblo y sus gentes, no tarda en aparecer un cadáver. El muerto es Charles Moréas, un vecino indeseable, insoportable, que no tenía amigos y sí muchos enemigos. El primero de ellos su vecino Lucien Le Bruchec, arquitecto y viudo que temía a Moréas. Tanto que hasta le puso una denuncia por presunto allanamiento de morada y robo, aun cuando Moréas ya había sido encontrado en el vertedero del pueblo asesinado por varios tiros de Kalashnikov  y posteriormente quemado; El segundo, Lukas Rheinbach, pintor de procedencia alemana que se gana la vida pintando paisajes que acaban convertidos en puzles. Como el arquitecto también tenía a Moréas como vecino y también se sentía amenazado por él, verbal y físicamente; El tercero, Pascal Fuligni, constructor amigo del alcalde, tienen  un proyecto de mediateca para construir en el pueblo que les dará, dinero al primero, fama y una nueva reelección al segundo, que no pueden llevar a cabo por un problema con el susodicho Moréas que no desvelaremos aquí. Lo que sí diremos es que Fuligni quiere el amarre que Moréas tiene en el puerto deportivo para su yate y ni por cinco mil euros Moréas se lo quiere dar.
Y si no fuera poco con tres sospechosos, también recae sobre el mismísimo alcalde Marcel Lafont la sospecha de asesinato.

Blanc deberá resolver dicho asesinato con la ayuda del apático Marius, su nuevo compañero en la comisaría con fama de atraer a la mala suerte por un pequeño suceso ocurrido años atrás, suceso que tendrá suma importancia para la resolución del caso, la avispada y temperamental especialista en informática Fabienne, o Aveline Vialaron-Allègre, la juez de instrucción, una mujer tan atractiva como peligrosa, Jean-Charles Vialaron-Allègre, antiguo alumno de la prestigiosa École Nationale d’Administration, diputado, secretario de Estado del Ministerio del Interior y uno de los hombres del partido del Gobierno, no solamente es su marido, sino que la citación de la Gendarmería para Blanc en donde se le comunicó que debía coger sus cosas y marchar a Gadet, pequeña población donde ejercería su trabajo, venía firmada por él mismo. No, realmente no se puede decir que Jean-Charles sea amigo íntimo de Blanc y los acontecimientos ocurridos no ayudan a ello.

Junto a todos estos personajes, aparecen unos cuantos más (vecinos de Blanc en su nueva casa, habitantes de Gadet con peso en la trama, el jefe de Blanc, el comandante Nicolas Nkoulou, la mujer de Fuligni o Gérard Paulmier, periodista jubilado de La Provence que conoce a todas las familias, todas las empresas, todos los restaurantes, a todos los políticos y a todos los campesinos de la zona y que está dispuesto a charlar con los gendarmes.

Con todos estos ingredientes y una prosa admirable Rademacher teje una tela que nos atrapa, nos balancea como si nos estuviera acunando y consigue trasportarnos a la delicada y luminosa Provenza francesa, llena de olores que traspasan el libro (ciertamente el cadáver de Moréas emana hedor putrefacto durante su capítulo y más allá del mismo).

Viento mortal es como esa canción que tan solo puede abrir el disco, no hay otro sitio para ella en él: destaca, convence, mantiene el pulso y deja bien sentada las bases de lo que nos encontraremos después (Black country de Black Country Communion o Highway star de Deep Purple son un excelente ejemplo para ponerle ojos a mis palabras) y a fe que Rademacher lo consigue e incluso lo incrementa, la frase final del libro, es toda una declaración de principios.

Imponente e intachable, como el trabajo y el celo del mismísimo capitán Blanc.

En pie y emocionados aplaudimos la obra.

SALVA G.

Título: Viento mortal
Autor: Cay Rademacher
Traducción: Laura Manero Jiménez
Editorial: Maeva
Edición: 1ª edición, junio de 2016
Número de páginas: 299 pp.
I.S.B.N. 978-84-16363-90-2

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