divendres, 28 de juny de 2013

El Diablo a todas Horas - Donald Ray Pollock


Ya lo advierte con acierto una de las citas publicitarias de la contraportada: no es una novela para estómagos sensibles. Y a pesar de ello, o tal vez gracias a ello, esta novela de Pollock es una buena novela, por momentos, brillante.

La ambientación rural (esa América profunda que todos hemos leído antes o visto en el cine) y el gusto por el detalle extremo, en ocasiones escatológico hasta lo excesivo, crean desde el primer capítulo la impresión de entrar en una alucinación alcohólica, en un desvarío demencial que, sin embargo, poco a poco va mutando hacia una historia más clásica, más llevadera, pero igualmente cruenta, donde ser autoestopista es una actividad de riesgo, sobretodo si pasan por allí Sandy y Carl, la pareja de serial killer’s co-protagonista.
Con un estilo seco, muy directo, conocemos al joven Arvin, marcado a fuego en su infancia por la muerte de su madre y el desvarío (vuelvo al adjetivo) religioso de su padre, el veterano de la II Guerra Mundial Willard, que quiere convencer por todos los medios a Dios de que salve del cáncer a su esposa.

Marcado por esa idea enfermiza de la religión, se cruza también la historia del predicador Roy y de su inválido acompañante Theodore que llevarán hasta niveles insospechados el imaginario del escritor.
Tres historias que, inevitablemente acabarán encontrando el cauce para confluir en el mismo río. Un río viscoso, donde la mugre y la suciedad no son únicamente una exacerbación angustiosa y física, sino algo más dañino: la podredumbre de seres marginales cuyos espíritus están corrompidos por la presencia continua del pecado, la redención, la fe, y la Biblia.

Pollock era un autor pendiente para mí. Quería conocer su estilo, y no me ha defraudado. Directo a la mandíbula, directo al estómago, sin concesiones. Apenas se atisba un poco de lucidez en la abuela de Arvin y en su tío, la necesidad de ser personas decentes pese a las necesidades materiales. El mismo Arvin me ha seducido, desde niño siempre dispuesto a la pelea, sin buscarla, pero sin rehuirla. Mención aparte merecen Sandy y Carl, personajes hasta cierto punto arquetípicos, pero sin esos puntos de limpieza o mentira que les harían seres acartonados. No, son despreciables, y Pollock no los salva, les obliga a comportarse como lo que son, a encajar sus mentes enfermas en la vida cotidiana, salvo cuando llega el verano y se echan a la carretera en busca de modelos.

Admiro la honestidad, el atreverse a ir hasta el final, del autor y de la editorial por publicar esta historia. Porque más allá del relato está su forma: bella, precisa, rica en matices y también, por qué no, en Poesía. Por momentos me recordaba a Steinbeck en su aridez descarnada. En otros no me costaba verme en aquel coche de Asesinos Natos, o en un cuento de Poe.

Me pregunto al terminar de leerla, sin embargo, ¿para qué todo esto? Tengo la difusa impresión de que no se llega más allá del final inevitable que se prevé desde el principio. Quizá el Diablo permanece agazapado, para atrapar la próxima alma cándida que se cruce en su camino. Puede que la bondad, que Dios no sea más que una invención de seres asustados, sombras que caminan con los ojos entornados, con la esperanza de que el sufrimiento pase de largo sin verlos.

Vana esperanza.

Víctor del Arbol

Donald Ray Pollock
El diablo a todas horas
Traducción de Javier Calvo
Colección Miradas
Publicación: Noviembre 2012
ISBN: 978-84-940156-5-6
376 páginas 

1 comentari:

  1. Fa molt bona pinta! Em recomaneu algun llibre de viatges original i actual per aquest estiu? Si pot ser en català... Gràcies!

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