dilluns, 1 d’abril de 2013

'La lista de mis deseos' - Grégoire Delacourt



Da realmente el dinero la felicidad. Qué es la felicidad. Cuando puedes tenerlo todo, qué es lo que realmente importa.

                ¿Se puede comprar la felicidad? ¿Y el amor? Nos conduce el amor a la felicidad. O solo el dinero puede abrir las puertas a la felicidad.

                ¿Demasiadas preguntas?

                No tantas como se hace la protagonista de “La lista de mis deseos” de Grégoire Delacourt (Valenciennes, 1960), Jocelyne, apodada Jo, con 47 años, madre de dos niños vivos, Román y Nadine y uno muerto, Nadège,  dueña de una mercería en el pueblo de Arras desde el año en que se casó con su actual marido, tras morir la propietaria anterior, la señora Pillard, sin madre desde que ésta cayó sobre la acera el día en que Jo cumplía los diecisiete, profiriendo un grito que no llegó a salir de su garganta, asemejándose al famoso Grito de Munch, casada con Jocelyn, apodado Jo, al igual que Martín y Martina, Luis y Luisa, Rafael y Rafaela, Paulino y Paulina, una coincidencia, y un padre que cada seis minutos vuelve a nacer.

                Vive su vida entre la mercería, su propio blog, diezdedosdeoro, su casa, su marido y sus dos amigas gemelas, Françoise y Danièle, que regentan una peluquería/centro de estética junto a la mercería.

                Ya le está bien, aunque sepa que en ella hay demasiadas mentiras. De su marido cuando le dice lo guapa que es, ella sabe que no, de las gemelas, de sus hijos, ambos emancipados en otros países y de todo aquel que le rodea.

                Hasta que un día le tocan 18.547.301 euros y 28 céntimos en una Euromillones.

                Cuando se acerca a por el cheque en la Française des Jeux en París ya le ofrecen la ayuda de un psicólogo. Le obligan a hablar con él. Ser rico no es una enfermedad, pero trastoca a mucha gente.

                A partir de aquí la vida de la Jocelyn se verá poco a poco reducida. El cheque, con esa suma de dinero se convertirá en una pesada losa. Con él podría comprar todo. Pero ella no quiere nada. Ya tiene lo que quiere: el amor de su marido, aunque le mienta.

                Comienza a escribir listas de deseos, para hacerlos realidad. Desde un coche para su marido, hasta producir una película para su hija, directora de cine, pasando por las consabidas vacaciones junto a su marido, comprar un televisor de pantalla plana, o comprarse ropa interior de color rojo.

                Mientras su marido se prepara para ascender en la fábrica donde trabaja, ella sigue elaborando listas.

                Hasta el fatídico día en que se percata que su marido enganchó por fin el armario de su habitación a la pared.

                Sí, es aquí donde Jocelyne comprende por fin todo.

                “La lista de mis deseos” resulta un libro real. Demasiado real a veces. Un auténtico manual de cómo esas pequeñas cosas diarias nos hacen, no solo, mejores personas, si no que nos aportan una felicidad que si no tuviéramos seguro la echaríamos en falta.

                Delacourt y su rápida, directa y poco expresiva prosa arremete contra esta sociedad que se piensa que por tener un Audi, un reloj Patek Philippe, un Omega Speedmaster Moonwatch, un televisor de pantalla plana Loewe, unos botines Berluti, unos zapatos Weston o trajes a medida confeccionados en Dormeuil uno ya puede ser feliz. Pero no. La felicidad es otra cosa. Es cierto que hay quien dice que el dinero no da la felicidad. Pero está claro que con él se vive mucho mejor.

                En definitiva, “La lista de mis deseos” puede resultar una bofetada en muchas caras, un abrir de ojos, una alerta en nuestras vidas en un mundo donde el consumo, dicen, nos acerca a la felicidad, cuando eso, todo el mundo sabe que no es así.

                SALVA G.



Título: La lista de mis deseos
Autor: Grégoire Delacourt
Traducción: Teresa Clavel
Editorial: MAEVA
Edición: 1ª edición, marzo de 2013
Número de páginas: 160 pp.
I.S.B.N. 978-84-15532-55-2


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