dimecres, 6 de febrer de 2013

“Los hombres mojados no temen la lluvia” - Juan Madrid



Hay en esta novela de Juan Madrid muchas frases impactantes, pero yo me quedo con dos que a mi entender ejemplifican lo que contiene. Ninguna de las dos le pertenece al autor.

 La primera es una cita de Vázquez Montalbán que aparece en la contraportada: “Los escritores de novela Negra en España somos tan pocos, que Juan Madrid es uno de los dos” Esto es lo que he encontrado, desde la primera página, una novela de género sin complejos ni falsas voluntades. De manera directa a través de un personaje soberbiamente construido, Liberto Ruano (que se distancia en mucho de los demás personajes), se adentra en las cloacas del sistema económico y financiero, donde banqueros y mafiosos establecen vasos comunicantes a través de otro sistema no menos impermeable, el judicial. Creo que uno de los méritos de esta historia, montada como una tragedia clásica donde el destino es un círculo irrompible, es saber lo que ofrece y lo que se puede esperar de ella. No defrauda. Mientras la leía, no podía evitar revivir una y otra vez la famosa escena final de Días Contados (del mismo autor, y soberbia novela): el protagonista corriendo hacia el aparcamiento donde está a punto de estallar la bomba. Corriendo hacia un destino que ya está marcado. Líber es un protagonista distinto a aquel, pero marcado por el mismo estigma. Un abogado que se va haciendo más y más carnal a medida que avanzan las páginas. Tipo de moral propia, sin demasiados perjuicios, pero hombre honesto, incluso con sus propios traumas (que nunca llegan a explicarse del todo, dejando a su alrededor una especie de niebla). Sólido en casi todos sus actos, coherente con los trazos que lo describen, para mí se escapa un poco en ciertos momentos (como esa falaz ilusión de casarse con Julia) pero uno puede aceptarlo todo, porque el personaje lo pide. Sin duda, el punto más fuerte de la novela, al estilo de Montalbano o Carvalho, pero con el marchamo de Malasaña propio de Juan Madrid, es Liberto, muy por encima de la trama. Una trama que este abogado enamorado de las mujeres sostiene con soltura.

La segunda frase que en mi opinión explica esta novela está en su interior. Es una cita de Emerson: “A los poderosos les basta la magnanimidad, a los servidores les es imprescindible la virtud”. En esta novela coral queda perfectamente clara la línea entre los unos y los otros, metáfora resuelta es la urbanización de La Moraleja donde se esconden los vicios detrás de cortinajes, jardines y piscinas. Al otro lado, los bares que ya se van perdiendo, los menús baratos y caseros que alimentan a Líber, o a ese otro personaje, casi a punto de estar a su altura, Aurelio El Pescador. Zorras sofisticadas y prostitutas callejeras, guardaespaldas efebos o chulos camellos. Se juntan en los rincones del vicio, pero jamás se entremezclan.
Mención a parte, merece el escritor Juan Delforo. Una sombra, casi un guiño propio de Tarantino. Yo tuve la suerte de ver y escuchar a Juan Madrid en la semana Negra de Gijón. Y no puedo dejar de pensar en los puntos de vista que quedan al principio y al final de la novela sobre una forma de ver la vida y la literatura, inevitablemente unidas.

Una lección sin dogma, una clase de cómo y por qué se escriben ciertas historias.

Víctor del Árbol


Los hombres mojados no temen la lluvia
Juan Madrid
Alianza Literaria
344 Páginas
I.S.B.N.: 978-84-206-7514-5
Enero 2013



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