dijous, 8 d’octubre de 2015

'Y tú no regresaste' - Marceline Loridan-Ivens (en colaboración con Judith Perrignon)


Para Ser un libro, con sus noventa y dos páginas, resulta escaso, corto, tal vez incluso inacabado, pero Y tú no regresaste, la nueva obra editorial de Marceline Loridan-Ivens (Épinal, Francia, 1928) en realidad es una carta, y ciertamente, para ser una carta, resulta suficiente, incluso exagerada.

En abril de 1943, mientras Marceline viajaba con su padre en un tren hacia el campo de Auschwitz-Birkenau, oyó cómo su progenitor le decía: “Tú podrás regresar, porque eres joven, pero yo ya no volveré”.

Marceline contaba con quince años, su padre rondaba los cuarenta.

Por supuesto este no regresó.

Pero tuvo tiempo mientras estaban afincados en el campo de entregarle una pequeña nota, escrita en un pedazo de papel vete tú a saber con qué. Marceline no recuerda nada de aquella nota, tan solo el encabezamiento, la primera de aquellas líneas: “Mi querida niña”, y casualmente la última, la firma de su padre: “Shloïme”.

El tiempo se convirtió en una laguna difícil de cruzar, e hizo olvidar todo lo que su padre podría contarle a su hija en aquella nota. Tal como muchos seres humanos olvidan sus problemas, recordando el día que se iniciaron estos y por supuesto el día que acabaron.

Pero no es el caso. En Y tú no regresaste Marceline que cuenta con ochenta y siete años en la actualidad recuerda el horror sufrido en los campos, y lo explica como si hoy mismo lo estuviera viviendo, todo ello volcado en esta extensa carta a su padre. La autora no cae en el sentimentalismo fácil, no busca la lágrima rápida, es más, en muchos instantes, su frialdad se torna una coraza necesaria para olvidar aquel infierno.

Ella construyó las rampas que llevaban a sus compañeros a los hornos crematorios, las zanjas en las que más tarde y para que los aliados no vieran el fuego saliendo de las chimeneas y así poder bombardear la zona, cavaron para quemar a ras de suelo los cuerpos de los prisioneros, luchó por algo de comida, una patata, una cebolla, y a día de hoy sigue siendo una mujer delgada y esbelta para, según sus palabras: “no me envíen al gas la próxima vez”.

Pero su horror continuó tras acabar la guerra. Intentó en vano suicidarse tirándose al Sena, por suerte un hombre la retuvo cuando ya se había encaramado al parapeto en el muelle Saint-Michelle, lo intentó después también sin mucho éxito, y tuvo que aguantar las duras burlas de su propio hermano, Michel, quien le dejaba mensajes en su contestador tras la liberación imitando la voz de un  SS diciendo “Usted tomará el convoy 71 con la señora Simone Veil”, incluso se hizo tatuar “SS” en uno de sus brazos. Murió joven, siempre lo había dicho: “moriré a la edad de mi padre”, y así fue. Una dosis excesiva de medicamentos y alcohol acabó con su vida. Dos años después su madre moría también. Henriette, su hermana lo hacía algunas semanas después de su madre. Con el mismo cóctel que Michel. A ellas las mataron los campos de exterminio sin haber puesto un pie nunca en ellos.

Y tú no regresaste se convierte así en un relato crudo, duro, pero bello en su fondo, la fuerza de Marceline por convertir aquellas palabras de su padre en el vagón hacia una muerte segura de que ella viviría debido a su juventud, resultaron proféticas, y un cabo en el que agarrarse para salir de allí y ver convertidas en realidad aquellas palabras.

La fe de Marceline le hizo vivir y setenta años después explica aquel horror sin tapujos, sin sentimentalismos, tal y como sucedió. Sin duda la brevedad del relato hace de él una pequeña masterpiece literaria digna de ocupar plaza junto a Si esto es un hombre de Primo Levi en las bibliotecas más selectas del mundo.

SALVA G.

Título: Y tú no regresaste
Autor: Marceline Loridan-Ivens en colaboración con Judith Perrignon
Traducción: José Manuel Fajardo
Editorial: Ediciones Salamandra
Edición: 1ª edición, septiembre de 2015
Número de páginas: 92 pp.
I.S.B.N. 978-84-9838-711-7

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