dilluns, 30 de març de 2015

'El perro que me cambió la vida' - John Dolan


 John Dolan (Londres, 1972) tuvo una infancia relativamente feliz. Vivía en el popular barrio de Islington en Londres. Su padre era basurero, su madre limpiaba oficinas. Era el pequeño de cinco hermanos. Cada semana su padre le compraba cómics y tebeos, los cuales copiaba una y otra vez. Su gran pasión era el dibujo. Solo se lo pasaba bien en la clase de arte, la única asignatura en la que el profesor le alentaba  a seguir. Pero cuando cumplió diez años, su mundo se derrumbó. Su padre le soltó que él no era su padre, ni su madre era su madre. Ellos eran sus abuelos. Su hasta entonces tía Marylin, siempre la llamó tía Marylin aunque era su hermana mayor, era en realidad su madre y sus hermanos, Malcolm, Dave y Jackie, eran en realidad sus tíos.

A partir de ese momento su vida cayó en una espiral de excesos que comenzó con la intentona de quemar un coche en el aparcamiento trasero de su edificio, abortada por la policía, lo cual acabó con John en el calabozo. No sería la última vez que sus huesos acabarían pasando la noche en una celda, hasta en treinta ocasiones ocurrió tal desgraciado hecho, y por supuesto pasó largas temporadas reparadoras en la cárcel para menores de Feltham, en el libro ofrece detalles de su estancia, y en la dura cárcel de Rochester en Kent, un sitio mucho peor que Faltham y sobre el que prefiere no hablar, según las propias palabras del autor en el libro.
    
John acabó en la calle, malviviendo de pequeños hurtos, drogado, crack, cocaína, heroína, y dando como dijimos anteriormente, con sus huesos en la cárcel. Pero un día, una pareja en una situación parecida a la suya, le regaló a George, un stafoordshire bulterrier que como bien indica el título del libro, le cambió la vida.

Primero, por tener que cuidar de alguien que no era él mismo. Lo dudó, más que nada porque si no conseguía cuidarse a sí mismo cómo lo iba a hacer de otro ser, segundo porque le empujó a salir de su casa, y tercero porque el dibujo, el arte, aquello que en la escuela le había salvado, de nuevo se convertía en su vía de escape, en la bolla en que se agarraba para no hundirse en el ancho mar de la vida.

High Street en Shoreditch, el barrio de los artistas callejeros se convirtió en su oficina, allí, sentado en una esquina, con su inseparable George vigilando las pocas monedas que caían, John salió adelante y la fortuna le sonrió. La gente se paraba a charlar con él, a jugar con George, a comprarle alguno de sus primerizos dibujos, casi todos ellos representando a George o los edificios colindantes que se veían desde su posición, pero no fue hasta que el galerista Howard Griffin reparó en él que la diosa fortuna no le miró cara a cara.

Griff le encargó y casi le obligó a que trabajara para él. Le compró material de mejor calidad para que realizara su trabajo y con los contactos que tenía, le ofreció la posibilidad de unir su talento con el de otros artistas consolidados: Thierry Noir, ROA, BRF, Liquen o Pez. Montó una primera exposición, sus ventas alcanzaron los sesenta mil euros de ganancias. A ésta siguió una segunda exposición, y ahora planea otras en Estados Unidos. Sus dibujos cuelgan en las paredes de gente tan diversa como Tony Blair o Russell Brand y El perro que me cambió la vida es un diario en la medida de lo posible, explica la vida de Dolan, no en su día a día, pero sí desde sus inicios hasta el día de hoy.

El libro está dedicado a George, no podía ser de otro modo, pero también en memoria de Gerry y Dot, sus padres abuelos, a quien en ningún momento crítica por sus actos, al contrario, los alaba en  cada una de sus palabras hacia ellos.

No creemos que se tarde mucho en llevar esta historia al cine, y más conociendo los gustos americanos, El perro que me cambió la vida es todo un best seller en Inglaterra y lo será allá donde se edite, es la quinta esencia del sueño americano, aunque la historia ocurra en la gris y húmeda Londres, John Dolan se creó a sí mismo de la nada, estuvo tirado en el barro y ahora brilla como la estrella que es. La lágrima fácil vende, y en El perro que me cambió la vida hay mucho de eso: el relato de cómo vivió la inauguración de su primera exposición y el reencuentro con sus hermanos (tíos en realidad aunque para él siempre serán sus hermanos mayores) es de lo más emotivo del libro, por fin la familia volvía a estar unida.            

Una auténtica historia de superación.

SALVA G.

Título: El perro que me cambió la vida
Autor: John Dolan
Traducción: Albert Vitó I Godina
Editorial: Grijalbo
Edición: 1ª edición, marzo de 2015
Número de páginas: 265 pp.
I.S.B.N. 978-84-253-5293-5

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