dimarts, 20 de setembre de 2011

'La piel que habito', de Pedro Almodovar




LA PIEL QUE HABITO
AÑO 2011
DURACIÓN  117 mim.
DIRECTOR: Pedro Almodóvar
GUIÓN: Pedro Almodóvar basado en la novela de Thierry Jonquet
MÚSICA: Alberto Iglesias
FOTOGRAFÍA: José Luis Alcaine
REPARTO: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Jan Cornet, Blanca Suárez, Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Roberto Álamo, José Luis Gómez, Fernando Cayo, Susi Sánchez


Una película muy de Almodóvar. De cortarse las venas con un tenedor, pesada, egocéntrica , “cansina”, grotesca y estúpida hasta la saciedad. Es un sinvivir encontrar que por mucho que evolucione su cine seguimos encontrándonos el mismo apego neurótico y acotado de un mundo simplón y enfermo, hartos de travestismo, secuestros, desmelenamiento y egocentrismo sin paliativos. Mala, la película es mala, por mucho que quieran comerle la oreja al director manchego, y por mucho que quede bien decir que “es lo más” o que “ Almodóvar en un genio del celuloide”. No señores, que no nos engañen, Amenabar, por poner un ejemplo, sí arriesgó, con más o menos acierto, pero con dos cojones,  Almodóvar solo ha adornado con tintes de thriller un nuevo coñazo indiscutiblemente de “Pedrooo”. Pero esta es la cruz y la cara de nuestro cine, será seguramente elegido para representarnos en los Oscars, y  quien sabe, con un poco de suerte se llevará alguna que otra estatuilla…
Os dejo la sinopsis con el que la productora publicita el film… , y que cada cual tome la decisión de verla o no, por mi parte los seis euros y medio que me costó la entrada al cine los doy por perdidos en la “basura”. Decepcionante, esperaba algo… algo:
“Desde que su mujer sufriera quemaduras en todo el cuerpo en un accidente de coche, el Doctor Robert Ledgard, eminente cirujano plástico, se interesa por la creación de una nueva piel con la que hubiera podido salvarla. Doce años después consigue cultivarla en su propio laboratorio, una piel sensible a las caricias, pero una auténtica coraza contra todas las agresiones, tanto externas como internas, de las que es víctima nuestro mayor órgano. Para lograrlo ha utilizado las posibilidades que proporciona la terapia celular.

Además de años de estudio y experimentación, Robert necesitaba una cobaya humana, un cómplice y ningún escrúpulo. Los escrúpulos nunca fueron un problema, no formaban parte de su carácter. Marilia, la mujer que se ocupó de él desde el día que nació, es su cómplice más fiel, nunca le fallará. Y respecto a la cobaya humana…

Al cabo del año desaparecen de sus casas decenas de jóvenes de ambos sexos, en muchos casos por voluntad propia. Uno de estos jóvenes acaba compartiendo con Robert y Marilia la espléndida mansión, El Cigarral. Y lo hace contra su voluntad…”

Axel Miralles 

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