dimecres, 26 de març de 2014

'Sapphira y la joven esclava' - Willa Cather


 Willa Cather es una escritora precisa. Precisa en tanto que es necesaria e indispensable y su estilo es claro, exacto y conciso. No tiene un relato flojo, no hallaremos obra menor. En su lectura no nos sobra nada y lo que podemos echar a faltar es un regalo de respeto por sus lectores.

Porque en la obra de Cather es maravilloso el peso narrativo de lo que no se cuenta, de las relaciones intuidas, que permiten al lector una participación dulce y amarga, el añadir su granito de arena a los hechos y el no saber qué es lo que en verdad pasaba. Porque verdad es lo que Cather nos ofrece. Verdad y opciones. Y de todo ello encontramos un gran ejemplo en Sapphira y la joven esclava. La opción es omnipotente en la obra de Willa Cather, la opción dentro de la narración, la opción a la hora de desarrollar el drama y los personajes, la opción abierta al lector a la hora de rellenar los espacios líricamente vacíos. La opción literaria de Willa Cather es sucinta y perfecta.

 Sus personajes se definen con profundidad concisa y sus pérdidas se pintan de aprendizaje y no de melancolía. Porque la pérdida, la conciencia de los cambios, de la desaparición de los seres queridos, de la inocencia, de la juventud o de la sociedad agrícola frente a la industrialización urbana, es uno de los temas imprescindibles de la escritora. La emigración que tan bien relatara en su trilogía de la Pradera (Mi Ántonia, Pioneros y El canto de la alondra), la vida rural en decadencia frente a la sociedad moderna, el desarraigo...en todo cambio se crece la autora.

 Cather nació en Black creek Valley, Virginia, en 1876 pero con escasos nueve años -tras la ruina de la familia a causa de un incendio- se trasladó a Nebraska, el primero de los grandes asentamientos al norte del Misisipi tras la Guerra Civil, donde asume la dura vida fronteriza. “Me sentí insignificante, y enferma, y sola”, recordaría de adulta. “Aquella tierra y yo tuvimos que llegar a un compromiso, y al final del primer otoño aquellas praderas desgreñadas se habían apoderado de mí con una pasión que nunca más me ha abandonado. Aquello ha sido la luz y la maldición de mi vida”. La pradera marcó su vida y su arte, pero no olvidaría los escenarios de su infancia, donde nos remite la novela que nos ocupa.

 Sapphira y la joven esclava fue la última novela de la autora, publicada en 1940. En ella vuelve al viejo sur, a una sociedad que se desvanece, a una familia que se diluye, a un mundo que se acaba. En ella, se nos habla de Sapphira Colbert, una matriarca excepcional en la zona de Black Creek Valley, propietaria de un buen número de esclavos en una zona que se debate entre el abolicionismo y la incapacidad económica de comprar o contratar mano de obra. Rica, esclavista, invalida, condescendiente y controladora, Sapphira no se resiste a ordenar su mundo a su antojo y cuando comienza a sospechar que su esposo mantiene alguna especie de relación con la joven Nancy, una de sus esclavas, invita a pasar con ellos una temporada a uno de sus sobrinos, especialmente crápula e inmoral para interponerse entre ellos. Pero la vida pasa y oxida nuestra mano de hierro. Las circunstancias crecen y cambian sin apenar regarlas y la historia pronto cambia su curso y se aleja de los resultados esperados. Obra maestra de lo que no se dice, cada una de las palabras de esta obra se lee en el lugar preciso y toca la tecla exacta.

 SAMEDIMANCHE

Título: Sapphira y la joven esclava 
Autor: Willa Cather 
Editorial: Impedimenta 
Edición: 1ª edición, febrero de 2014. 
Traducción: Alicia Frieyro 
Número de páginas: 272 PP.
 ISBN 978-84-15578-91-8

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