dimarts, 25 de setembre de 2012

Entrevista a Blas Malo autor de ‘El Mármara en llamas’



Con su segunda novela Blas Malo nos acerca a las batallas del Mármara. Donde unas guerras entre el imperio bizantino y el mundo árabe fueron de importancia vital para crear el mapa que actualmente conocemos, con personajes singulares y el descubrimiento de un arma de ataque devastadora.
Xavier Borrell

¿Cómo se le ocurrió hacer una novela en esta época histórica?
En mi adolescencia, descubrí el imperio bizantino a través de Isaac Asimov y su serie sobre la Fundación, en cuyas novelas el famoso divulgador admitía abiertamente la influencia que Bizancio había supuesto para él en el desarrollo del imperio galáctico de sus libros. No sólo fue un gran escritor de ciencia-ficción, también un apasionado de la historia, tanto como John Julius Norwich, cuyo ensayo sobre el imperio bizantino cautiva por su prosa evocadora.

Tras leer Norwich, quedé bizantinizado. Y me pregunté cómo era posible que se hubiera novelado tanto sobre Roma, y tan poco sobre su imperio sucesor. Con osadía y atrevimiento propios de principiantes, decidí escribir sobre el imperio bizantino. El resultado es “El Mármara en llamas”.

¿Había descubrimientos químicos que no han llegado a nuestros días como ‘El fuego de agua’?
La pregunta es un poco retórica, ya que si hablamos de si desconocemos secretos antiguos, es claro que si los conociéramos ya no serían un secreto. En la antigüedad ya se conocían principios físicos y químicos que fueron redescubiertos más tarde por nuestra civilización actual a partir del s.XIX. Por ejemplo, en la Khemeia egipcia, el origen de las ciencias químicas, se tiene en consideración la galvanoplastia, que permitía recubrir metales vulgares con una capa de metales nobles mediante la electrólisis. La pila de Bagdad es un ejemplo de ese conocimiento, que luego se redescubriría con Volta.

¿Se ha llegado a saber en que consistía exactamente 'El fuego griego'?
La composición exacta se ha perdido, no obstante se tienen indicios de qué elementos la componían y cómo se preparaba en las descripciones sobre la logística del asalto bizantino sobre la Creta árabe en el siglo décimo. Los historiadores modernos apuntan como principal elemento para su fabricación la nafta, obtenida en Persia y Armenia en pozos someros. Se procedía a su destilación, en un proceso parecido al “cracking” moderno, para obtener los elementos más volátiles, en concreto se piensan que obtuvieron un producto similar al queroseno que se mezclaba con una proporción de resinas de pino, con lo que se conseguía una mezcla de alto poder calorífico e inflamable capaz de alcanzar los 1000ºC, suficiente para infringir graves daños a las cuadernas de los barcos. Su base olea hacía que flotara sobre el agua, con lo que se levantaban columnas en llamas allá donde caía, arrojado desde sifones a presión a favor del viento contra las embarcaciones enemigas. Un arma terrible.

¿Eran las flotas navales lo más importante de los ejércitos?
El poder del imperio bizantino radicaba en el control marítimo del Mar Egeo y del Ponto Euxino (el Mar Negro), que establecían una barrera defensiva en torno a la capital, rodeada por dos de sus tres lados por el Mar de Mármara, entre los estrecho de los Dardanelos y el Bósforo. Quien quisiera dominar el imperio debía someter a la capital, una de las mayores de la historia, y someterla suponía realizar un asedio por tierra y mar. Por tierra, perdido Egipto, la riqueza del imperio (hombres, alimentos, reservas) estaba concentrada en Asia Menor y en Tracia. Las Montañas del Tauro en Asia Menor marcó la frontera por mucho tiempo con el imperio árabe, y en ella se concentraron las fuerzas terrestres bizantinas. Las rutas marítimas proporcionaban los suministros necesarios a la capital a la vez que eran el acceso a las ciudades comerciales del Mar Mediterráneo, y la defensa de esas rutas era crucial para el imperio. La capital no cayó en tanto tuvo el apoyo de su flota naval y pudo emplear el fuego griego.

¿Le debe mucho la existencia en nuestros días el cristianismo al Imperio Bizantino?
Actuó como un bastión frente al avance del islam por el extremo oriental de Europa, debido a su presencia las fuerzas árabes se vieron obligadas a penetrar en Europa a través de las Columnas de Hércules, el actual Estrecho de Gibraltar; penetraron en nuestra Península Ibérica, cruzaron los Pirineos y fueron derrotados en Francia, en Poitiers, en el año 732. Pero no sólo fueron los francos los culpables de su derrota, sino también las largas rutas de suministros desde Damasco que se vieron obligados a seguir, por culpa de la presencia del imperio bizantino. Sin Bizancio, la historia de la religiones hubiera sido muy diferente.

¿Se desarrolló mucho la técnica de construcciones navales con las guerras por el dominio del Mármara?
La construcción naval evolucionó a partir de los diseños tardo romanos, los barcos se estilizaron y se hicieron más rápidos, las velas cuadradas se sustituyeron por velas latinas triangulares y los espolones de bronce sumergidos, destinados a perforar los cascos de las naves bajo la línea de flotación, al ser ineficaces con los nuevos barcos, más robustos, se sustituyeron por un largo mástil en proa sobre el agua, cuya función era destrozar los remos de las naves, dejándolas sin medios de propulsión. Y por supuesto, se tuvo en cuenta el fuego griego. En la proa se añadieron planchas metálicas que protegían el casco del intenso fuego, arrojado por sifones situados en las gargantas de mascarones de animales mitológicos, como el basilisco.

 ¿Se has inspirado en personajes históricos reales para crear la figura del sabio Calínico?
Teófanes el confesor es el cronista principal de la época en que se ambienta “El Mármara en llama”, y en su crónica se menciona en unas pocas líneas a Calínico como un sirio que llevó a Constantinopla el secreto del fuego griego. No hay apenas más datos sobre él, dado que además todo lo relacionado con el fuego griego era secreto de estado he intentado desarrollar el personaje a partir de los datos escasos disponibles y penetrando además en el mito.

¿Cuál ha sido el proceso de documentación para la esta historia?
Aparte de Teófanes, que ha dado las directrices principales de la época, he tenido que documentarme sobre náutica bizantina, de la que apenas se ha investigado nada en cuanta a este época concreta (s. VIII), que no sin razón se denomina Edad Oscura Bizantina. Son escasas las fuentes, hay un par de crónicas sobre la ciudad de esos años, y algunas menciones por autores árabes posteriores. En esas lagunas es donde entra en juego la creatividad del autor.

¿Qué tal la presión de publicar un segundo libro teniendo en cuenta que tras ‘El esclavo de la Al-Hamrá’ ya tiene lectores fieles?
Me alegra que eso sea así. Sentía la responsabilidad de escribir una novela que no defraudase y en la que se observara, espero, una evolución de mí mismo a mejor como escritor. Quizás ha sido grande la osadía el escribir una novela sobre una civilización que en España ha sido poco tratada en literatura, pero también era un reto, y espero que no sea sino la primera de mis novelas sobre este imperio. Ello dependerá también de si los lectores así lo hacen posible.

¿Se plantea alguna vez escribir una novela no histórica?
El género de novela permite más libertad que escribir un ensayo, por ejemplo, género que me da mucho respeto, ya que no soy historiador profesional, sino simplemente un aficionado a la historia al que le gusta escribir. Aún siento que tengo mucho por aprender, pero sí me he planteado tratar otros géneros. Quizás dentro de algún tiempo, cuando sienta que he madurado más.

El Mármara en llamas
Blas Malo
Ediciones B
Año 2012
Páginas: 528
ISBN: 978-84-666-5026-7



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